El Apocalipsis nos presenta una visión luminosa: una mujer revestida de sol, símbolo de la Iglesia y figura de María. Esa imagen no describe un pasado, sino un futuro que ya ha comenzado. La mujer sufre los dolores del parto, pero su dolor está lleno de promesa; su lucha no es derrota, sino camino hacia el nacimiento de una nueva creación.











