En Caná de Galilea, María nos enseña una de las dimensiones más hermosas de su maternidad: su mirada compasiva. No hay lamento en su voz, solo una observación sencilla y llena de ternura: “No tienen vino.” Esa frase, aparentemente doméstica, revela una profundidad espiritual inmensa: María es capaz de ver la necesidad oculta, la falta que amenaza la alegría, la carencia que puede apagar la fiesta.










