“Presten atención, no se dejen engañar”
Apoc 22, 1-7; Sal 94; Lc 21, 34-36.
Estamos por terminar el año litúrgico y es un buen momento para reflexionar cómo vamos en el camino de nuestra vida de Fe.
El mundo nos presenta siempre la idea de que alcanzar la felicidad es muy fácil, solo tienes que tomarte esta bebida, comprar aquel auto, inyectarte esta sustancia, satisfacer todos tus deseos. Sin embargo, como buen mentiroso, no te dice las consecuencias una vez que pase el efecto embriagador que estos placeres te causan: la sensación de vacío es mucho mayor que la que sentías al inicio. Entonces te dice: Tienes que volver a hacerlo, recuerda el refrán “no dejes que llegue la resaca, mantente borracho”. Pero Jesús nos ha enseñado que solamente controlando nuestros deseos y desechando lo propuesto por el mundo, podremos llegar a la felicidad que nunca se acabará. Por eso es necesario meditar sobre la manera en la que tomamos nuestras decisiones sobre las cosas y las personas. Para llegar a conocer si lo que estamos haciendo es lo correcto, es necesario acudir a la oración, pues estando en la presencia de Dios, lo que elijamos será lo que realmente nos llevará a la felicidad eterna.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Alfredo García Rendón
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