Is 42, 1-7; Sal 26; Jn 12, 1-11.
“La casa se llenó del olor del perfume”
Es una escena conmovedora: Hacía unos días que Jesús había llamado a Lázaro de la muerte a la vida, ahora hay un banquete en su casa, el banquete de la vida recuperada, y Jesús es el invitado de honor, por supuesto. En medio de la fiesta hay un presagio, María (la que había “escogido la mejor parte”) unge los pies de Jesús con perfume, anuncio de su próximas muerte y sepultura. Y el olor delicioso envuelve toda la casa.
Hacía poco, un olor a muerte había salido del sepulcro de donde salió vivo Lázaro; dentro de pocos días el olor a muerte y a sangre también nos envolverá.
Así como la unción de María a Jesús fue un presagio de su muerte, el perfume que se di- funde por todo el ambiente es un presagio de la vida que brotará, renovada y florecida, en la resurrección. Es un anuncio de lo que habrá más allá de la muerte de Jesús y de la nuestra: un perfume delicioso de vida eterna en la comunión más perfecta con Dios.
A Jesús le esperan días terribles de sufrimiento, humillación y derrota. Pero también, lo sabemos, vendrá luego la victoria definitiva de la vida, el perfume delicioso de la eternidad.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón S., cm
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