La Sociedad de San Vicente de Paúl, en todas las partes del mundo, tiene el rostro de sus presidentes locales. Si el presidente es democrático, abierto al diálogo y conciliador, así será también la Sociedad de San Vicente de Paúl. Si el dirigente es cerrado, adusto y centralizador, también lo será nuestra querida Sociedad. Por lo tanto, debemos tener el perfil adecuado de presidente para nuestros Consejos y Conferencias, so pena de terminar con la armonía que rige nuestra organización.

Un buen presidente de Consejo y de Conferencia es aquel que es verdaderamente democrático, ejerciendo tres grandes virtudes: saber escuchar, saber escuchar y saber escuchar. Si está abierto al diálogo y a las críticas, habrá unidad en su gestión y será capaz de implementar proyectos e iniciativas, ganando el apoyo de todos. El desapego a la opinión personal es una de las cualidades del buen vicentino. Sin embargo, si el líder toma decisiones sin escuchar a las bases, está condenado al fracaso. Un presidente autoritario mata las esperanzas y expectativas de los vicentinos.

Un buen presidente vicentino es el que delega tareas y asignaciones y, con caridad y responsabilidad, consigue resultados. Si es centralizador, no conseguirá hacer demasiado. Además, somos un equipo de trabajo que, en la Conferencia o en los Consejos, suma sus talentos individuales y, así, en nombre de los pobres, busca transformar la realidad. Somos como un «equipo de fútbol», en el que todos los jugadores son importantes.

Un buen presidente vicentino es el que da el ejemplo, cumpliendo fielmente la Regla sin hacer concesiones ni buscar «soluciones rápidas»[1], mostrando a todos que nuestra existencia secular ocurre precisamente a causa de la jerarquía del amor y de la regulación que nos mantiene unidos y fuertes. El líder debe ser transparente, no solo con los asuntos financieros y patrimoniales, sino también en sus acciones y palabras. Debe de ser franco, amable, conciliador.

Un buen líder es aquel que no atiende a chismes y respeta a cada consocio, especialmente proporcionándoles apoyo en los momentos más difíciles de sus vidas. Un líder vocacionado es el que evita distracciones y ruidos en la comunicación y, si se producen, está siempre dispuesto a deshacer los nudos y contribuir al crecimiento del grupo vicentino.

El líder vicentino es aquel cuyos documentos están abiertos, son públicos. No hay documentos confidenciales o reservados en nuestra querida Sociedad de San Vicente de Paúl. Me extraña escuchar este tipo de justificaciones en boca de algunos presidentes de Consejo. Si algo es confidencial es porque, como mínimo, es problemático. Hemos de lidiar con nuestros problemas con equilibrio y con razones, sin dejar que el corazón impida un análisis verdaderamente independiente.

Si los líderes de nuestras Conferencias o Consejos actúan así, estoy seguro de que reinará la armonía dentro de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Tenemos que rescatar el espíritu de concordia entre nosotros. El hermoso trabajo realizado a favor de las familias asistidas corre el riesgo de ser manchado por los líderes no preparados y contaminados por el virus de la vanidad. Oremos mucho en las elecciones de presidentes que se lleven a cabo, para que Dios nos brinde líderes responsables, modernos y en línea con el pensamiento de Ozanam.

[1]     Jeitinhos, en el original. Esta expresión típica de Brasil señala un modo informal de reaccionar basado en la improvisación en situaciones inesperadas, difíciles o complejas, no basado en reglas, ni en procedimientos o reglas estipuladas previamente [n. del T.].

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl

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