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La última semana de octubre del presente año los miembros de la Familia Vicentina de Teruel hemos tenido ocasión de participar en dos actos destacados en nuestra ciudad, relativos a la espiritualidad que nos une.

Por una parte, el martes día 27, a las siete de la tarde, en la residencia “Sagrado Corazón” de las Hijas de la Caridad, nos reunimos personas de los distintos grupos que hay en nuestra ciudad: las Hijas de la Caridad, que organizaron el encuentro de oración común y nos recibieron en su casa; los Padres Paúles, que regentan las parroquias de la diócesis a ellos encomendadas; y las asociaciones de laicos vicentinos que existen en la ciudad: la Asociación de la Medalla Milagrosa, la Asociación Internacional de Caridad, y la Sociedad de San Vicente de Paúl (las Conferencias).

Fue un acto de oración común, en el año de la “Colaboración Vicentina”, que esperamos repetir unas cuantas veces más. Hemos de agradecer a las Hermanas su empeño en que se realizase, y su esmerada preparación con medios audiovisuales, música, y bien escogidos textos, que nos ayudaron a reflexionar sobre la espiritualidad que nos define: el servicio a los pobres, a los marginados de la sociedad.

Quiero destacar, a manera de resumen, un párrafo del guión escrito que se leyó: “No basta ir a los pobres, eso muchos lo hacen; a nosotros nos debe marcar una actitud concreta, la de Jesucristo que fue la que guió a Vicente de Paul; esta no es otra que una disposición interna ante una situación determinada, aquello que sin decir palabra alguna logramos trasmitir con nuestros gestos, posturas e incluso silencios; mucho más con nuestras acciones…”

Lo resalto como principio que motive las acciones sencillas y concretas que podemos ir realizando en nuestra vida diaria, muchas veces casi sin darnos cuenta.

Me resulta llamativo que al día siguiente de este encuentro, como presidente de la “Conferencia de la Milagrosa”, la única que existe en nuestra ciudad, tuve que ir a recoger las llaves de una vivienda que tenemos alquilada dicha asociación. La inquilina que habíamos tenido hasta entonces, una emigrante hispanoamericana, regresaba a su país después de haber residido aquí varios años. La escasez de trabajo, y una situación personal suya de ruptura matrimonial, hicieron que durante varios meses tuviéramos que condonarle el pago del alquiler. Nuestra despedida fue a la manera y con las formalidades habituales para la ocasión. Pero en su tono de voz, se apreciaba el sincero agradecimiento por nuestro gesto, en unos tiempos y una sociedad que hace extraña esa conducta que debería ser la habitual.

Ese mismo gesto de agradecimiento sincero lo volví a recibir de otro emigrante hispano, en esta misma semana, por nuestra ayuda para sufragar parte del coste del billete de viaje de regreso a su país, al no haber encontrado trabajo aquí durante más de dos largos años.

En fin, son dos anécdotas de los gestos y acciones sencillos que nos deben caracterizar a los cristianos, y en concreto a los que formamos parte de esta Familia Vicentina. Es casi seguro que a la mayoría no se nos pida otra cosa que esta actitud sencilla de pequeñas acciones, que muchas veces nos parecen insignificantes, pero que pueden hacer la vida más amable de aquellos menos favorecidos en nuestra sociedad.

Que en este año podamos reforzar esos gestos mediante una colaboración más estrecha entre los miembros de todos los grupos que nos sentimos herederos de la espiritualidad de san Vicente.

El otro acto que hemos tenido es de un matiz más bien cultural, aunque hayamos querido hacer también homenaje a dos personas venerables pertenecientes a la Familia Vicentina, en este caso, miembros fundadores de la Sociedad de San Vicente de Paúl: el beato Federico Ozanam, y el introductor en España de ella, el músico Santiago Masarnau.

Concierto de música en homenaje a Federico Ozanam

 Se celebró el viernes 30 de octubre, a las ocho de la tarde, en el salón de actos del Museo de Teruel. Fue patrocinado por la Fundación Caja Inmaculada. El pianista y profesor del Conservatorio de Música de Teruel, D. Juan García Collazos, durante más de una hora nos ofreció, con una brillante y esmerada ejecución por su parte, varias obras pertenecientes al P. Jesús María Muneta, a Santiago Masarnau, y a Federico Chopin.

Era un acto que hubiésemos querido realizar el año pasado cuando se clausuró el segundo centenario del nacimiento de Federico Ozanam, pero entonces todavía no existía una de las obras que pudimos escuchar, la Suite para piano, Op. 664. Homenaje al beato Federico Ozanam y su familia, del P. Muneta, que ha creado este año, y que se estrenó en dicho concierto.

Como afirma el refrán popular, nunca es tarde si la dicha es buena. Este concierto se fue orquestando, nunca mejor dicho, medio en serio medio en broma, a raiz del libro editado el año pasado por la Sociedad de San Vicente de Paul sobre Federico Ozanam, y que gentilmente, desde la sede central en Madrid, se nos envió a las distintas “conferencias” de España. Bellamente ilustrado, en una de las muchas fotos que trae, aparece un piano semejante al que Ozanam regaló a su esposa Amelia, que amaba la música y era una experta pianista. Se lo mostramos al P. Muneta, inquiriéndole en broma, si Ozanam se había esmerado en el regalo hecho a su querida esposa, o si sólo había cumplido formalmente. El P. Muneta, como experto en la materia, cuya reputación es de sobra conocida, nos afirmó que el piano de Amelia Sourlacroix era de lo “mejorcico” que había por entonces. Ante esa respuesta, le lanzamos el siguiente reto:

Y tú, ¿qué música le hubieras compuesto para que la tocara si hubieses tenido ocasión?

No tardó mucho en darnos la respuesta, mostrándonos la partitura de la obra que había compuesto, inspirándose en la familia de Federico Ozanam, y en otras personas que le conocieron, como sor Rosalia Rendú, o el también músico famoso, D. Santiago Masarnau.

Con esa respuesta, era inevitable ofrecer un concierto que nos permitiera disfrutar de la obra compuesta, y de alguna otra de Masarnau. Completamos el programa con otras obras de Chopin, después de saber por el testimonio que aparece en el libro sobre otro ilustre pionero de las Conferencias en España, el pintor zaragozano Bernardino Montañés, que el Gran Vals Brillante Op. 34 nº 2, de Federico Chopin, fue compuesto por Masarnau, y luego regalado generosamente a su amigo Chopin, que hizo algunos arreglos en la obra original.

Todas estas obras, pues, se pudieron escuchar, ejecutadas de manera brillante, como ya hemos señalado, y que fueron muy aplaudidas por el numeroso publico asistente, algo no muy habitual en nuestro “frío” Teruel.

Autor: Fernando López Rajadel (Presidente de la Conferencia – SSVP)
Fuente: http://pauleszaragoza.org/


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