El Cardenal Berhaneyesus Souraphiel de Addis Abeba durante el Sínodo del Vaticano, 13 de octubre de 2014. Créditos: Bohumil Petrik / CNA.

El Cardenal Berhaneyesus Souraphiel de Addis Abeba durante el Sínodo del Vaticano, 13 de octubre de 2014. Créditos: Bohumil Petrik / CNA.

Addis Abeba, Etiopía, 07 de junio de 2015 / 06:03 am (CNA / EWTN Noticias) .- Elevado al rango de cardenal en febrero, el arzobispo etíope Berhaneyesus Demerew Souraphiel de Addis Abeba ha traído la riqueza de los valores africanos al Colegio de Cardenales.

«África puede ser pobre en las cosas materiales, pero es muy rica en valores, especialmente en valores tradicionales; valores familiares; el tesoro de la familia amplia; el valor de la vida; el respeto a los ancianos; el valor de acoger al peregrino, al extranjero, al huésped, como a un ángel de Dios», dijo el cardenal Souraphiel a Radio Vaticana, poco antes del consistorio del 14 de febrero, en el que recibió la birreta roja.

Los africanos «no deberían avergonzarse de nuestras raíces y nuestros valores y no deberíamos copiar o cambiarlos por los baratos que proceden de otros lugares», continuó. «Lo que necesitamos es fortalecer nuestro valores. Y también conocer nuestras historias».

El Cardenal Souraphiel nació en 1948 en Tchela Claka, cerca de Harar. De niño asistió a escuelas públicas y a escuelas de la iglesia ortodoxa etíope, y posteriormente a escuelas dirigidas por los Capuchinos y los Hermanos de La Salle.

En 1963 entró en el seminario menor de la Congregación de la Misión, también conocidos como Misioneros Paúles. Comenzó el seminario mayor en 1968, estudiando tanto en Etiopía como en el Instituto Misionero y el King’s College de Londres.

El Cardenal Souraphiel fue ordenado sacerdote de la Congregación de la Misión en 1976. Ejerció su ministerio en el suroeste de Etiopía hasta junio de 1979, cuando fue encarcelado durante siete meses por el Derg, la junta militar comunista que gobernó el país desde 1974 hasta 1987.

«La experiencia de estar en régimen de aislamiento fue de una extrema soledad, sin nadie con quien hablar, ni nada para leer», dijo el cardenal a la Familia Vicenciana en febrero. Sin embargo, anadió que la experiencia «la encontré transformadora. Condujo a un renacimiento espiritual para mí. Yo no tenía nada, literalmente nada, en total soledad, así que grité al Señor desde lo más profundo de mi ser. Verdaderamente sentí la presencia de Jesús en esos días oscuros».

El Derg lo liberó de la prisión, pero le impuso el exilio; entonces, estudió sociología en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

El Cardenal Souraphiel regresó a Etiopía en 1983, sirviendo como párroco, director del noviciado Vicenciano, capellán de los hermanos de La Salle, y maestro de filosofía y teología. También fue superior de la comunidad vicenciana local desde 1991.

Cuando la Prefectura Apostólica de Jimma-Bonga se estableció en 1994, fue nombrado su primer prefecto.

En 1997, fue nombrado obispo auxiliar de la Archieparquía etíope de Addis Abeba, y consagrado obispo el mes de enero siguiente. En 1999 fue nombrado arzobispo de la Archieparquía, convirtiéndose en cabeza de la Iglesia católica de Etiopía, una Iglesia Católica Oriental por el rito alejandrino.

El Cardenal Souraphiel dijo a Radio Vaticana que cuando fue nombrado cardenal por el Papa Francisco en enero, «fue una sorpresa total para mí», pues fue informado de ello por su sacerdote secretario, quien a su vez lo había oído decir en la radio.

El Cardenal Souraphiel es presidente de la Asociación de Miembros de las Conferencias Episcopales de África Oriental, donde sus objetivos incluyen la inclusión de la organización en la Unión Africana y la invitación al Papa Francisco para dirigirse a la Unión Africana. Ha sido miembro de la Congregación para las Iglesias Orientales desde 2003, y en 2005 ayudó a fundar la Universidad Católica Etíope de Santo Tomás de Aquino.

El Cardenal Souraphiel dijo en febrero a la revista América que la educación «es la clave para hacer crecer el amor a la propia patria, apreciar su propio país y cultura, y ser creativos en todo tipo de aspectos de la vida para que los jóvenes puedan crear empleo dentro del país».

El cardenal se enorgullece del papel de la Iglesia católica en Etiopía, en particular en materia de educación: «A pesar de que los católicos somos menos del 1% de la población, mantenemos más de 400 escuelas y 43 centros de salud. Acabamos de inaugurar Santo Tomás, la primera universidad católica en Etiopía. De hecho, la única universidad pública en el país, hasta la nuestra, fue iniciada por jesuitas canadienses», dijo a la Familia Vicenciana.

Es conocido por su preocupación por la trata de personas, habiendo dicho en un sínodo de 2009 sobre África que esperaba que la reunión «estudiase las causas profundas de la trata de personas, de los desplazados, de los trabajadores domésticos maltratados, de los prófugos y de los inmigrantes, especialmente los que huyen en pequeñas embarcaciones. También espero que en este Sínodo se tomarán posturas concretas y harán propuestas concretas que muestren al mundo que las vidas africanas también son sagradas y que no son mercancía barata, como desafortunadamente a veces son presentadas en los medios de comunicación».

El Cardenal Souraphiel ha discutido la trata de personas en el contexto de la violencia contra las mujeres y los niños, y como efecto de la pobreza. Ha llamado a la pobreza el problema más urgente en el este de África, y ha instado en invertir en educación, salud y desarrollo, así como en la búsqueda de la paz y la estabilidad.

También está preocupado por el tráfico de armas, los niños soldados, los refugiados y la emigración, retos todos para Etiopía.

El cardenal también es conocido por su firme oposición a los actos homosexuales, animando a los legisladores en 2008 para que los prohibieran, y liderando a AMECEA en 2014 en la condena de las uniones del mismo sexo. La declaración de AMECEA en agosto de 2014 también declaró: «Afirmamos que la institución del matrimonio es una unión indisoluble de amor entre un hombre y una mujer, abierta a la procreación y denunciamos cualquier intento de redefinir esta institución. La vida familiar debe ser respetada, promovida y protegida de forma en ella crezcan hombres y mujeres que puedan urdir un tejido social de paz y armonía».

En su entrevista de febrero con la revista América dijo que, en relación con el Sínodo sobre la Familia, «mis esperanzas son que el Espíritu Santo guiará el próximo Sínodo sobre la familia para que la Iglesia permanezca fiel al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y a la enseñanza de nuestra Santa Madre Iglesia, tal como se presenta en el Catecismo de la Iglesia Católica y en el Derecho Canónico, en la presencia de nuestro Padre Misericordioso».

Cardenal Souraphiel, de 66 años, fue uno de los 20 hombres hechos cardenales en el consistorio 14 de febrero, y uno de los 15 con derecho a voto en un futuro cónclave.

Traducción: Javier F. Chento

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