re_011213_1090« Si la previsión eterna puso ya entonces sus ojos para descubrir este receptáculo de su Hijo y, después de descubrirlo, lo adornó de todas las gracias que pueden embellecer a una criatura, como él mismo lo declaró por boca del ángel que le envió como embajador, ¡con cuánta mayor razón hemos de prever nosotros el día y la disposición requerida para recibirle! ¡Cómo hemos de adornar cuidadosamente nuestra alma de las virtudes requeridas por este tan alto misterio y que podemos adquirir por la devoción!» (SVdeP X, 43)

La manera más concreta de entender el Bautismo de Jesús es llegar a la conclusión que por ese acontecimiento Él es proclamado Profeta; podríamos decir que es el Profeta por excelencia. El Bautismo de Jesús es, primeramente, la preparación efectiva del ministerio público de Jesús. Los evangelios, de manera pedagógica, colocan el acontecimiento del Bautismo previo a la iniciación de la vida pública de Jesús. Esto nos indica que Jesús se solidariza con la causa humana hasta las últimas consecuencias y que Dios avala toda la acción liberadora del Nazareno.

Es importante tener investidura profética para adelantar el Plan de Liberación y de Dignificación de la persona humana que realizará Jesús. Por el Bautismo, Jesús queda constituido como el verdadero Siervo de Yahveh. El Espíritu Profético es derramado plenamente en Jesús el día que recibe, de manos de Juan el Bautista, el Bautismo en el Jordán. Este acto no pasó desapercibido por el naciente cristianismo, y lo interpretó como una verdadera investidura profética que recibe Jesús en el acto.

Esta celebración que nos recuerda el Bautismo de Nuestro Señor, nos exige dar una mirada honesta y profunda al Sacramento del Bautismo que un día recibimos en el corazón de nuestra Madre: La Iglesia. Tenemos que insistir, a tiempo y a destiempo, que el profetismo de Jesús tiene que seguir funcionando en la Iglesia. Cada uno de nosotros, ha sido constituido por el Sacramento en profeta de la causa del Reino de Dios. Este acontecimiento de gracia, hace que la Iglesia toda, se haga responsable de la tarea de evangelización, es decir, del anuncio de la Buena Noticia y de la instauración del Reino de Dios en medio del mundo, de nuestro mundo.
El Bautismo, pues, constituye a cada uno de los que lo reciben en verdaderos profetas y responsables de transparentar a Cristo, con el ejemplo de vida de cristianos, es decir como seguidores de Cristo.

Tenemos que comprender las dos realidades profundas que trae consigo la recepción del Sacramento del Bautismo: La primera: la adhesión de manera radical al Señor Jesús; y la segunda: ser testimonio ante el mundo de Jesús como el Señor y el Salvador de todo el género humano.

Esto, vivido de manera responsable, nos convierte en signos de contradicción en cuanto, el seguidor de Jesús se compromete a desenmascarar los falsos valores sociales y religiosos que imperan en el mundo. “Ser voz de los sin voz”.

No dejemos pasar este día para agradecer a Dios el regalo de la vida en el Bautismo, que en otro tiempo recibimos; y, pidámosle que tengamos el valor de afrontar las contrariedades que enfrentemos en la vida, por ser sus fieles seguidores y servidores.

« Si Dios Padre, Hijo y Espíritu santo, si los ángeles, los niños, los hombres ilustres en dignidad y egregios en sabiduría, si los sencillos, los animales irracionales y las cosas inanimadas contribuyeron unos a prever, otros a preparar, otros a realizar, cada uno en la medida de sus posibilidades, el nacimiento del Hijo de Dios, ¿con cuánta más razón deberá el hombre prever, esforzarse y disponerse a la recepción de este mismo creador?» (SVdeP X, 44)

Tomado de ssvp.es

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