“Lo bueno del buen tesoro del corazón”
1 Cor 10, 14-22; Sal 115; Lc 6, 43-49.
En Chinatú Chih., tenemos un viñedo con 12 variedades de uva, 140 cepas aproximadamente. Tengo noticia de que antes elaboraban un vino exquisito, incluso recuerdo haberlo probado. Desde que yo llegué retomamos el trabajo en el viñedo y le hemos invertido mucho tiempo y dinero, pero no importa lo que hagamos, las uvas siguen siendo muy ácidas, dando como resultado vinagre en lugar de vino. Tenemos que mineralizar la tierra para ver si obtenemos uvas dulces como la miel.
Imagino que las cepas son como las personas o las comunidades, hay quienes han echado raíces en tierra seca y sin minerales, asentaron su corazón en la soledad, en la tristeza y en el dolor, ahí donde no es posible dar frutos dulces. No importa que se les cubra con sombra o se les riegue con abundante agua, no darán uva dulce para el vino, porque a la tierra le faltan minerales.
Quizá si abonan su tierra alimentando las raíces con minerales; si remueven la tierra para asentar su corazón en la gratitud, en la alegría y en el amor, podrán dar frutos dulces. Entonces haremos una fiesta en torno a ellos el día de la cosecha.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Carlos Regino Villalobos E. C.M.
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