Priorizar (Lc 14,25-9)

por | Sep 10, 2022 | Formación, Reflexiones, Thomas McKenna | 0 comentarios

Seguramente, no encontramos en todos los evangelios palabras más contundentes que las severas que proclama Jesús en el capítulo 14 de Lucas. ¿Me está diciendo realmente que odie a mi padre y a mi madre, a mi propia familia y a mi propia vida? ¿Que renuncie a todo lo que poseo? ¿Que busque una cruz dolorosa y la cargue? ¿Habla en serio?

Para tener una respuesta, es importante concentrarse en lo que el Salvador dice en verdad. Sabemos que no puede ser el odio; Él es todo amor. No puede ser despreciar las cosas de la creación; su Padre es el Creador. Y no puede ser sufrir por sufrir; eso es masoquismo y no religión.

Lo que Jesús se toma en serio se puede captar en el sentido de la palabra priorizar; es decir, alinear lo que es más importante y menos importante, y luego vivir esas prioridades.

No hay duda de que Jesús tiene prioridades definidas y que pide a sus seguidores que las asuman. El primer lugar de la lista es, por supuesto, el amor, amar a Dios, su Padre, y también al prójimo. Todo lo que se interponga en el camino del amor genuino debe ser dejado de lado y colocado en segundo lugar.

Jesús utiliza el impacto de estas palabras —odiar, renunciar, sufrir— para subrayar gráficamente las cosas que más cuentan en el Reino de su Padre y en el ámbito de sus propias Bienaventuranzas.

Las prioridades. El lugar al que siempre conducen es el sendero de la elección, esa atalaya desde la que tomamos decisiones sobre cómo vivir y movernos en nuestra vida tanto personal como socialmente. Al relacionarnos con otro, ¿qué opción será más beneficiosa para él o ella? Al evaluar las opciones culturales y políticas, ¿cuáles sirven al bien humano mayor, especialmente para los invisibles de los márgenes?

Esta priorización del Reino de Dios actúa para rescatar nuestra fe de las nubes de la abstracción y bajarla al terreno de la acción y el comportamiento cotidianos.

Por ejemplo, ¿qué reivindicación considero más importante, el crecimiento de mis propios ahorros o las necesidades vitales de las familias sin hogar? ¿A qué le presto más atención, a apuntalar mi propia reputación o a decir una verdad que podría no mostrarme de la mejor manera? ¿A qué le doy más importancia, a permanecer tranquilo y aislado por encima de la agitación de las desigualdades de la sociedad, o a tomar el tiempo y el riesgo de hacer cosas para reequilibrarlas?

En su servicio a los pobres hecho en nombre de Cristo, los miembros de la Familia de Vicente se enfrentan repetidamente al tipo de decisiones que el propio Vicente de Paúl tomó cuando él también luchó por hacer caso a esos duros verbos que salían de la boca de Jesús en el evangelio de Lucas.

Junto con esos otros oyentes a lo largo de los años, nos encontramos ante el Señor y escuchamos esas palabras candentes que establecen las opciones que hay que tomar en torno a las «prioridades» del Reino de su Padre… En una situación determinada, ¿qué cuenta más y qué cuenta menos? ¿Cuáles son las opciones a las que se enfrenta un creyente? O, en una frase que hizo famosa el mártir cristiano Dietrich Bonhoeffer, ¿cuál es «el coste del discipulado»?

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