Notificación previa (Lc 10,1-2)

por | Jul 2, 2022 | Formación, Reflexiones, Thomas McKenna | 0 comentarios

Cuando se entra en un territorio nuevo, las organizaciones envían lo que se conoce como un equipo de avanzada. Su trabajo consiste en aumentar las expectativas de la gente y sensibilizar sus percepciones para que puedan ver por primera vez lo que se avecina. Así, para el circo que llega a la ciudad, este grupo saldrá a pegar carteles, e incluso a organizar algunos pequeños desfiles. Su reto es sensibilizar a la gente sobre el valor de lo que está a punto de aparecer, para alertarla sobre el atractivo de lo que viene a la vuelta de la esquina.

En los evangelios descubrimos a Jesus enviando a su gente de avanzada en varias ocasiones. Encarga a sus discípulos que vayan delante de él y anuncien que el Reino de su Padre está cerca. ¿Qué tipo de cosas podría hacer ese equipo para el Reino? Esta es una pregunta no sólo para sus discípulos, sino también para cada uno de nosotros como sus seguidores de hoy.

Su propósito iría más allá de la simple proclamación del Reino de Dios, sino más bien hacer cosas que dieran un anticipo del mismo. Por sus actitudes y acciones, estos exploradores comunicarían indicios tangibles del producto final, proporcionando a sus oyentes lo que podría llamarse un anticipo de las bendiciones de este Reino.

Al enviarlos por delante, Jesús les dice que curen a los enfermos y que reparen las cosas rotas. Aunque hoy en día no podemos identificarnos fácilmente con las curaciones milagrosas, podemos imaginar otras muchas formas de pensar y actuar como si este mundo venidero que proclama Jesús estuviera ya presente. «Como si» es la consigna: vivir como si esas bienaventuranzas que Jesús enseña no fueran ideales para el futuro, sino acontecimientos que pueden experimentarse aquí y ahora.

«Bienaventurados los misericordiosos». ¿Pueden los discípulos contemporáneos actuar con misericordia hacia los demás? Más ampliamente, ¿pueden proporcionar la misericordia del Señor a grupos que ni siquiera conocen, personas que viven al otro lado del mundo y que diariamente deben luchar por la mera subsistencia? Acciones como éstas bien podrían llamarse anticipos del Reino de Jesús, apariencias en el tiempo presente de lo que será el mundo cuando el Reino de Dios llegue a su plenitud.

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia». Un discípulo del siglo XXI se pondría al lado de quienes protestan contra las prácticas y los sistemas injustos que imperan en la sociedad; por ejemplo, las mentalidades ciegas a la distribución injusta de los bienes, y las mentalidades que relegan a ciertas clases, razas y géneros a los márgenes. Estos «adelantados» estarían cumpliendo con esos anticipos del Reino de Jesús.

«Bienaventurados los pobres de espíritu». Los miembros del Reino de Dios son aquellos que reconocen, a un nivel profundo, que todo lo que tienen —posición, salud, amigos, inteligencia, la vida misma— es un regalo. Su reacción sería pasar esos dones a los demás, o lo contrario, no considerar las posesiones como destinadas al uso exclusivo de uno mismo.

Cuando las personas se encuentran con actitudes y comportamientos como estos, están experimentando los presagios del Reino venidero de Jesús. Encuentran cualidades y atributos que se manifiestan «antes de tiempo», justo en el aquí y ahora. Éstas y otras muchas son formas de añadir solidez a las afirmaciones de los cristianos de que el Reino de Dios no es un ideal lejano, sino que tiene presencia en la vida actual y se mueve entre nosotros.

Alabando a uno de sus cohermanos, Vicente alaba a Dios por la «iniciativa anticipada» que tomó ese sacerdote. «Bendito sea el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que te inspiró tan suavemente y a la vez con tanta fuerza la idea de la misión que has emprendido para la difusión de la fe».

Jesús envía a su avanzadilla: los discípulos, que, por su forma de vivir y actuar, hacen que la presencia del Nuevo Mundo que Jesús anuncia no sea sólo un deseo, sino una realidad palpitante. Como discípulos de Jesús en este momento, estamos llamados a ser signos creíbles en el presente de lo que el Reino florecerá en su plenitud. Este Reino de Dios que Jesús anuncia está destinado a ser sentido, visto y encontrado en las calles y esquinas de la vida cotidiana.

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