Una fundación para misionar unos pueblos

por | Ene 25, 2022 | Benito Martínez, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Cuenta san Vicente que en enero de 1617 confesó en un pueblecito, Gannes, a un campesino anciano que había callado durante años por vergüenza un pecado grave y que, al sentirse en paz, contó alborozado lo que le había sucedido. Gannes pertenecía a los Señores de Gondi, cuyo capellán era Vicente de Paúl. Al escucharle la señora Marquesa exclamó: “Si este hombre que pasaba por hombre de bien, estaba en estado de condenación, ¿qué sucederá con los demás que viven tan mal? ¡Ay, padre Vicente, cuántas almas se pierden! ¿Qué remedio podemos poner?” (XI, 95, 699, 326s).

Y le encargó a su capellán Vicente predicar un sermón sobre la confesión general. El fruto fue enorme, teniendo que venir dos jesuitas de Amiens a ayudarle en las confesiones. Y a Margarita de Gondi le viene la idea de hacer una fundación, es decir, depositar una suma de dinero para que con sus rentas puedan vivir unos sacerdotes que misionen de tiempo en tiempo los pueblos de los que eran señores ella y su esposo.

Iglesia de Gannes (Francia)

Toda fundación necesita una persona física o jurídica (CDC c. 113-123) que administre las rentas y cumpla los fines de la fundación. La Señora de Gondi y el capellán acudieron a los jesuitas, a los oratorianos y a otras congregaciones religiosas para que asumieran la fundación, pero la rechazaron. Y Vicente de Paúl se ve obligado, en cuanto capellán, a asumir a título personal la fundación para misionar los pueblos de los señores de Gondi. Después de su efímera escapada a Châtillon y vuelto a casa de los señores de Gondi, recorre los pueblos predicando misiones que duraban de cinco a seis semanas. El núcleo de las misiones lo constituía la preparación a una confesión general y la explicación del catecismo, terminando con la instalación de la Asociación de la Caridad para solucionar las necesidades de los pobres. Así durante siete años.

Propiamente esta fundación no es una novedad. En la Edad Media ya se hacían fundaciones parecidas para crear hospitales, colegios, becas de estudiantes, etc. y mantenerlas con las rentas de un capital. Ciertamente esta fundación tiene una peculiaridad más que innovación: sus rentas se dedican a dar misiones exclusivamente a los campesinos, a pesar de que entonces la mayoría de las misiones se daban en las ciudades. Por esta peculiaridad a esta fundación se la llamó Misión. Al pasar los años, nobles y obispos harán fundaciones parecidas en favor de la Congregación de la Misión.

El año 1624 la señora de Gondi quiere institucionalizar la fundación, y presiona a su capellán Vicente para que lo acepte él y el grupo inestable de sacerdotes que le acompañaba. Esto supone institucionalizar la persona jurídica que venía haciéndose cargo de sus fines. Con ello se pretende hacer estable a este grupo en forma de comunidad dedicada a las misiones en medios rurales.

Sabemos que Vicente de Paúl, de familia campesina, pero acomodada, desde niño manifestó un corazón compasivo hacia los pobres, sabemos igualmente que desde la Noche Oscura de 1617 puso su vida al servicio de los pobres; lo que ya no tenía claro era si debía consagrar su vida exclusivamente a los campesinos. Y para meditarlo bien hizo los Ejercicios Espirituales en Soissons (II, 206, ABELLY, L. III).

Recuerdo lo que dije en la charla con que comenzaba la Primera Semana Vicenciana: “La Congregación de la Misión se dedicó a los campesinos porque san Vicente era capellán de los señores de Gondi y éstos eran señores de muchas tierras de campo. De haber sido una familia de burgueses con ta­lleres y manufacturas con abundantes obreros y san Vicente su capellán ¿habría fundado la Misión para los obreros?”[1] Nunca se sabrá. Pero una cosa es cierta: en la Congregación lo esencial es evangelizar a los pobres; la clase de pobres depende de las épocas.

Para institucionalizar y perpetuar el grupo de sacerdotes que continuara las misiones necesitaba una residencia fija en Paris, y la Señora Generala habló con su marido y con el Arzobispo de Paris, hermano del señor de Gondi, y el arzobispo donó “el Colegio de Bons-Enfants, que dependía de él, para vivienda de aquellos sacerdotes” (ABELLY, L. I, p. 85).

Para tomar posesión, el señor Vicente necesitaba un título de licenciado exigido para ser principal y capellán de un Colegio universitario, y sacó o compró el título de licenciado en derecho. El pequeño grupo de misioneros que compondría el núcleo inicial de la nueva Comunidad, como persona jurídica de la fundación, ya tenía una residencia.

El 17 de abril de 1625, en el palacio de los Gondi, se firma el contrato por el que Vicente de Paúl se compromete a elegir en un año el número de eclesiásticos que permitan sostener las rentas de la fundación, que irán de aldea en aldea a sus propias expensas, instruyendo y catequizando a esas pobres gentes y moviéndolas a hacer una confesión general de toda su vida pasada, sin recibir retribución (X, 238). Nacía así la persona jurídica responsable de la fundación con el nombre de Congregación de la Misión. Su superior vitalicio sería Vicente de Paúl. Este grupo de sacerdotes redactaría un reglamento en el que resaltan dos puntos: vida en común bajo la obediencia a Vicente o al superior que eligieran después de su muerte, y evangelizar a los campesinos de los señores de Gondi, aunque también podrían dedicarse a otros campesinos abandonados.

Hasta la firma de este contrato toda la labor giraba alrededor de la fundación de los Señores de Gondi: un capital que con sus rentas permitiera vivir a unos sacerdotes que misionarían determinados pueblos campesinos. Pero desde este contrato todo va a girar alrededor de la Persona jurídica, la Congregación que gestionaría esas rentas.

San Vicente ya no se cuestiona a qué pobres debía ir. Piensa que la voluntad de Dios se manifiesta por los acontecimientos de la vida y le ha indicado que ahora para él los pobres eran los campesinos. Y de aquí en adelante sólo buscará motivos que le afiancen en el camino que Dios le ha indicado a través de la señora de Gondi.

Un año después pidió al arzobispo de París la aprobación de la asocia­ción, que es concedida, y cuatro meses más tarde firmaban el acta de agregación a la naciente compañía los cuatro primeros sacerdotes. Había nacido la pequeña compañía.

Entre los años 1627 y 1632 este grupo de sacerdotes pretende por dos veces al menos que la Santa Sede apruebe la Fundación como una nueva compañía, congregación o asociación. Intervienen ante la Santa Sede el Rey, su embajador en Roma, el nuncio de Paris, pero en vano. La Congregación de Propaganda Fide[2] aprueba en 1628 la Fundación como Misión, pero se niega a aprobarla como Congregación religiosa, porque el sentido temporal y transitorio de una fundación para misionar se opone al de congregación religiosa que debe ser perpetua (X, 269s).

Benito Martínez., C.M.

Nota:

[1] Benito Martínez Betanzos, C. M., “Motivaciones sociales en la fundación de la Congregación de la Misión” en San Vicente de Paúl. Pervivencia de un fundador, (I Semana de Estudios Vicencianos). CEME, 1972, p. 17-29.

[2] Propaganda Fide era un Dicasterio de la Santa Sede fundado en 1622 por el Papa Gregorio XV. A ella estaba reservada la tarea de organizar toda la actividad misionera de la Iglesia. Por disposición de Juan Pablo II desde 1988 se llama «Congregación para la Evangelización de los Pueblos».

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