“Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya”
Hech 22, 30; 23, 6-11; Sal 15; Jn 17, 20-26.
El evangelio continúa presentándonos algo sumamente importante y esencial para nuestra vida, “la unidad”. Estamos inmersos en una sociedad, donde muchas personas toman una actitud individualista, sólo tienen ojos para ellos mismos y se olvidan de las otras personas; solo se acuerdan de Dios para pedir y pedir, pero sólo para ellos.
En la relación que tiene Jesús con el Padre, se santifica presentándose ante Él para ser uno con Él, y desde esa relación, se presenta ante nosotros como la revelación perfecta, el que nos da a conocer los designios de Dios.
La relación que cada uno de nosotros tenemos con el Señor, nos lleva a abrazar sus enseñanzas y designios no como mandatos o leyes, sino como dones, como regalos que recibimos del Señor para hacerlos nuestros y hacer de esos dones un estilo de vida que rompe con todo individualismo, que solo trae discordias. Y la discordia divide, como lo escuchamos en la primera lectura.
Nosotros, que seguimos a Cristo, caminamos por el camino de la unidad, porque ahí es donde nos santificamos y crecemos.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Jesús Arzate Macías C.M.
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