“Descúbrenos, Señor, tus caminos”
Núm 24, 2-7. 15-17; Sal 24; Mt 21, 23-27.
Quien aprende a ser honesto consigo mismo, puede serlo también con los demás. Pero muchas veces, ni siquiera con nosotros mismos nos sinceramos, mucho menos estaremos dispuestos a sincerarnos con los demás, y bueno, esa actitud se trasladará incluso para con Dios, aun cuando Él nos conoce más íntimamente que nosotros mismos.
Esto es lo que nos presenta el pasaje del Evangelio de hoy, con las autoridades que se acercan a Jesús para preguntarle con qué autoridad hace lo que hace, pero carentes de toda sinceridad y honestidad, ni siquiera para consigo mismos, pues no quieren reconocer ninguna autoridad que no sea la de ellos mismos. De tal manera que desacreditan a Juan el Bautista, a Jesús, y a cualquier otra persona, sólo por no ser ellos. Con esta cerrazón de mente y de corazón no es posible dialogar, así que Jesucristo se niega a darles mayor explicación de nada.
Pidamos al Señor nos conceda ver más allá de nuestros prejuicios y limitaciones o nos perderemos continuamente de su cercanía transformadora.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Erick Fernando Martínez Benavides C.M.
0 comentarios