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Novena a la Virgen Milagrosa 2020: día 3

por | Nov 20, 2020 | Asociación de la Medalla Milagrosa, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Oración:

Padre de misericordia, que en tu Hijo Jesucristo nos has enseñado el amor a la humanidad, a todos nuestros hermanos, haz que avancemos juntos hacia tu Reino y nos veamos liberados de las ataduras y las esclavitudes del pecado. Concédenos la gracia de caminar siempre por los senderos de la caridad y del amor, ayudados por la fuerza del Espíritu Santo que movió a tantos discípulos a entregar la vida por el Evangelio. Que podamos algún día ser piedras vivas en la Iglesia misionera y universal.

Te pedimos que, a través de la meditación de tu Palabra y orando con fe esta novena, podamos abrir nuestro corazón a la gracia de la conversión; y quienes portamos la Medalla Milagrosa, seamos verdaderos discípulos y testigos de Cristo Resucitado para superar las contrariedades del mundo y llevar a otros la esperanza y la paz. Amén.

Padrenuestro.

Gloria.

Oración a la Virgen María:

¡Madre de nuestro Pueblo! La dulzura de tu mirada nos acompañe en esta novena que dirigimos en tu honor bajo la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que todos podamos redescubrir la alegría de ser hijos de Dios.

Queremos recibir de tus manos prodigiosas esos rayos de misericordia infinita que tú derramas sobre nosotros; ser nuevos y verdaderos discípulos capaces de comunicar a otros el mensaje liberador de Nuestro Señor Jesucristo. Ayúdanos a encarnar el Reino de Dios para hacerlo vida en medio de nuestra comunidad y de nuestra familia. Tú has asimilado con amor la Misión del Padre y nosotros queremos salir contigo al encuentro de los pobres y de los que sufren; queremos ser para los demás, rostro de madre que ama, cuida, contempla y enseña. Amén

– Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Dios te salve María…

Gozos:

Respuesta: puede ser el estribillo de una canción o la jaculatoria (Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti.)

Madre Milagrosa, de ternura y compasión
que haciendo historia de salvación
vas caminando siempre con tu pueblo
que a ti clama en la aflicción.

En mil ochocientos treinta,
en Francia, Calle del Bac,
auna pobre novicia,
la virgen santa se apareció.
Eran vísperas de San Vicente,
noche silenciosa de julio,
cuando la Madre dejó su trono
y en una pequeña capilla se presentó.

Siendo la media noche
un Ángel se apareció
para darle un anuncio
de parte de la Madre de Dios.
Las luces se iban prendiendo,
las puertas se iban abriendo
y al llegar a la capilla la hermana ansiosa la esperó.

La voz del cielo anunciaba
que la madre llegó.
La sede sacerdotal
con humildad ella ocupó.
La hermana Catalina
sus manos colocó
en las piernas de la Madre
y misión ella le encomendó.

En una mañana de noviembre
los sentidos no lo percibieron
pero un corazón atento
nuevamente a la Madre observó;
las insignias de la medalla
que Catalina vio, se han convertido
en fuente de milagro y amor.

“Haz acuñar una medalla”,
la Virgen le pidió
para ser portada por los fieles
con gran devoción.
Madre Santa, tu gran Medalla
es emblema de tu amor,
hoy nosotros la portamos
en señal de filiación.

Sea por Jesús, sea por María,
sea por el ejemplo de los santos que nos guían.
Y que por la Medalla Milagrosa
alcancemos la gracia de convertir
nuestros dolores en alegrías.

TERCER DÍA

La Virgen y la Iglesia perseguida.

Frase: “Somos perseguidos por anunciar a Jesucristo, que nos libera y nos hace verdaderos humanos”

Signo: La culebra, varias cruces con nombres de varios mártires; se pueden emplear varias imágenes de víctimas de la violencia contra la Iglesia.

Comentario inicial: Hoy estamos llamados a orar por nuestros hermanos y hermanas perseguidos por causa de la fe. En nuestros países somos testigos de un creciente odio y rechazo por el Evangelio; hemos visto con dolor cómo muchos templos a lo largo del mundo son objeto de destrucción y de profanación. Pidamos hoy a la Virgen que nos ayude a afrontar todo esto con amor, a fin de vencer el mal con la fuerza del bien.

Llamados a pedir perdón:

  • Perdónanos, Padre de Misericordia, por los momentos en que no hemos comprendido los signos de los tiempos y nos hemos dejado llevar por nuestros pareceres, evitando buscarte a Ti, evitando conocer la verdad.
  • Perdónanos, Padre de Amor, por ser a veces hostiles y acusadores con nuestros hermanos, creyendo que nuestra justicia es mejor que la Tuya.
  • Perdónanos, Padre de Bondad por ‘dar la espalda’, demostrar antipatía y creernos ‘dueños y defensores de Dios’ a quienes yerran en el camino de la fe o se alejan de Ti. Concédenos entrañas de misericordia, amor y bondad con quienes necesitan conocerte y acercarse más a Ti, a tu luz, a tu verdad.

Lectura del Texto Bíblico: Apocalipsis 12, 1-5

“Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz. La mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono”.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Llamados a dar gracias:

  • Te damos gracias Señor por el testimonio de tantos misioneros que han sido víctimas de persecución, haz que, a ejemplo de ellos, podamos gastar nuestras vidas en la tarea evangelizadora.
  • Te damos gracias Señor por todos los misioneros: sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y consagrados, que trabajan incansablemente en la evangelización de los pueblos en lugares donde no se permite la religión.
  • Te damos gracias por el testimonio de los mártires, que han entregado sus vidas en el anuncio del Reino de Dios, ellos, así como la Virgen María han sido testigos vivientes del amor de Dios Padre.

Reflexión:

El libro del Apocalipsis nos cuenta la temeraria batalla que han llevado los cristianos a lo largo de los siglos, donde resultan triunfantes sobre las fuerzas malignas que quieren imponerse sobre el mundo con la cultura de la muerte y la destrucción.

Dicha confrontación entre la luz y la oscuridad tiene su anuncio profético en el libro del génesis en el capítulo 3, 15: Dios pone enemistad entre el linaje de la culebra y el linaje de la mujer. Dicha batalla tiene su final en la Resurrección de Jesucristo, quien con su propia vida es capaz de iluminar el mundo sometido a la oscuridad del pecado y la destrucción fratricida; si los poderes oscuros buscan silenciar a los humildes y perseguidos, Jesús, en la Cruz y con su Resurrección, los devuelve a la vida.

La Iglesia está llamada a “parir” a Jesús en medio de las confrontaciones humanas del mundo de hoy. Los dolores de parto representan la persecución y la muerte que sufren a carne propia tantos hermanos y hermanas valientes que dan testimonio de su fe.

En la Medalla Milagrosa vemos el pie victorioso de la Virgen sometiendo a la culebra, es decir, la Virgen destruye y vence todo lo que es contrario al Reino de Dios. Una doble invitación: la primera, podemos dominar, con María, las fuerzas interiores que nos empujan a apoyar estructuras de muerte y, la segunda, podemos ser elocuentes profetas en medio de las realidades oscuras de nuestros países.

Llamados a suplicar a Dios:

  1. Señor, danos fortaleza y perseverancia para dar testimonio de nuestra fe en medio de un mundo que vive en desesperanza.
  2. Concédenos audacia profética para denunciar la injusticia, la corrupción y la muerte, y anunciar a Jesucristo, que es verdad y vida.
  3. A ejemplo de María, fortalece a todos los católicos que son perseguidos por dar testimonio de su fe, para que permanezcan inquebrantables como María, quien acompañó a su Hijo hasta la Cruz.

Oración a la Virgen Milagrosa:

Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende a mi plegaria.

En tus manos maternales dejo todos mis intereses espirituales y temporales, y te confío en particular la gracia que me atrevo a implorar de tu bondad, para que la encomiendes a tu divino Hijo y le ruegues concedérmela, si es conforme a su voluntad y ha de ser para bien de mi alma.

Eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa; envuélveme en los rayos de tu gracia, para que a la luz y al calor de esos rayos me vaya desapegando de las cosas terrenas y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que bondadosa me acojas a las puertas del cielo. Amén.

Descargar la Novena completa pulsando sobre la siguiente imagen:

Fuente: https://www.corazondepaul.org/

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