En 1830 la Santísima Virgen María le dijo a Santa Catalina Labouré, que deseaba un grupo de jóvenes que se consagrara a ella.

Una vez la solicitud de la Santísima Virgen se escuchará, las Hijas de la Caridad empezaron una asociación de jovencitas, luego surgieron dos movimientos mixtos que existen hasta el día de hoy: Las «Juventudes Marianas Vicentinas» y la «Asociación de Hijos e Hijas de María» ambos movimientos tienen como fundación el 18 de julio de 1830. El Papa Pio IX, aprobó la asociación mariana en 1847.

Más adelante surgiría en la Casa Madre de la Congregación de la Misión, la «Asociación de la Medalla Milagrosa» el Papa Pío X reconoció esta asociación en 1905 y aprobó sus estatutos en 1909.

Estos tres anteriores movimientos pertenecen a la Familia Vicentina, sus asociados en todo el mundo suman más de dos millones. Su función, además de predicar el Evangelio, es dar a conocer la Medalla Milagrosa.

Pero la Medalla ha gozado de una fuerza extraordinaria, no sólo entre la Familia Vicentina, sino en sus más exiguos propagadores, que con la fuerza de su fe, han hecho de la Medalla uno de los tesoros universales de la Iglesia. Empezando por Maria Alfonso Ratisbona que en 1842, aseguró haber visto la Santísima Virgen en la Iglesia de San Andrea della Frate, en Roma, mientras llevaba por sugerencia de un amigo la Medalla Milagrosa en su pecho. «No me ha dicho nada, pero lo he entendido todo» ante esta afirmación quien antes era un judío convencido, se convirtió en sacerdote Jesuita.

Pasando por grandes figuras como San Maximiliano María Kolbe (1894- 1941), franciscano, creó una revista llamada «el Caballero de la Inmaculada» donde difundía además su gran devoción a la Medalla Milagrosa.

Y llegando a grandes ejemplos de santidad como la mismísima Madre Teresa de Calcuta que repartía la Medalla Milagrosa a quienes encontraba a su paso.

En 1921 en Irlanda, Frank Duff, un ex miembro de la Sociedad de San Vicente de Paúl, daría origen a una de las asociaciones de laicos más famosas de la Iglesia del siglo XX, la Legio Mariae (Legión de María), en el centro del estandarte la Medalla Milagrosa. Duff fue uno de los observadores laicos del Concilio Vaticano II, invitados por el Papa Pablo VI.

En Medellín, Colombia, en el año 1999 por Rodrigo Jaramillo, fue fundado Lazos de Amor Mariano, movimiento ampliamente difundido en todo el país, incluso ya en otros países, tienen para su consagración la imposición de la Medalla Milagrosa, que llevan todos sus miembros en el pecho.

La Medalla de la Inmaculada, es patrimonio de la Iglesia, su silenciosa presencia ha llamado a hombres y mujeres al servicio del Reino de Dios, famosas conversiones se han prodigado a través de su misterioso poder, que le valió el titulo de «Milagrosa». Y éste humilde servidor también se sintió atraído al servicio de Jesucristo, cuando por ventura del destino conoció tan hermoso regalo del cielo.

Mensaje para hoy:

La Medalla es sin duda una de las más queridas en la Iglesia, en ella no sólo vemos a María sino a cada creyente en particular. Tanto en el libro del Apocalípsis como en el del Evangelio de Juan, María cumple una doble representación, es llamada «Mujer» asociando junto a ella a todos los creyentes.

Apocalípsis 12 nos habla de una mujer vestida de sol, sufriendo dolores de parto, esa mujer es también la Iglesia que sufre por la persecución y que esta llamada a «parir» a Jesús en medio de las contrariedades del mundo. El hombre y la mujer de hoy están llamados a pisar las fuerzas del mal y derramar sobre el mundo verdaderos milagros capaz de hacer de éste mundo un lugar más humano.

La Medalla Milagrosa ha estado en el rosario de muchas comunidades religiosas, en el cuello de muchos santos y en el corazón de millones de hombres y mujeres alrededor del mundo.

Autor: Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM
Fuente: https://www.corazondepaul.org/

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