“… para anunciar a los pobres la Buena Noticia”

1 Jn 4, 19-35, 4; Sal 71; Lc 4, 14-22.

Ya no me pueden engañar. Jesús se presentó a sí mismo, en Nazaret ante sus paisanos, y les mostró sus credenciales y la identidad de su misión: Vine para los pobres, para los cautivos y ciegos, para los oprimidos, para los pecadores. ¡Él es para mí!

Cuando me quieran presentar a Jesús como socio de los poderosos, sé que es mentira. Cuando me lo quieran presentar como preso entre inciensos indiferentes a la viuda de Sarepta o al pagano Naamán, el leproso, sé que lo están tergiversando. Cuando me lo señalen como mito en las nubes, alejado de los pequeños, sé que lo están falsificando.

Él vino, ante todo, para los perdidos, para los niños abandonados, para las prostitutas o los borrachitos, para cuantos vagabundean por las cunetas del mundo cubiertos de miseria y sinsentido. Y, cuando algún resentido me lo quiera presentar como super–policía, ya sé que miente. Él es “el año de gracia del Señor”.

Hay otra forma de traicionarlo: hacerlo desaparecer entre discursos sobre Dios, pero no sobre el Dios Padre que él nos reveló. Y Jesús es tan perseverante y amoroso que a todos nos llama a la conversión, a una vida nueva con él.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Honorio López Alfonso, cm

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