Is 25, 6-10; Salmo 22; Mt 15, 29-37.

“Comieron hasta saciarse”

“No solo de pan vive el hombre”, nos recordaba Jesús. ¡Cuánta necesidad tiene nuestra época materialista de atender esta llamada a la trascendencia y a la espiritualidad!

Pero más adelante en el evangelio, Jesús ‘completará’ este dicho. No lo hará con palabras, sino con los hechos: No solo de la Palabra de Dios vive el hombre, sino también de pan. Con esto queda descalificado un espiritualismo puro y desencarnado. Dicen los entendidos que nuestro planeta produce en exceso de lo que se necesita para alimentar a toda la humanidad, para que todos puedan comer “hasta saciarse”. Sin embargo, formamos parte de una humanidad en la que un buen número tienen qué comer, pero no tienen hambre, mientras muchos más tienen hambre y no tienen qué comer. Y esos son precisamente los comensales de Jesús: tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos. Los mismos que él dijo que deberíamos sentar a nuestra mesa, porque no tienen con qué devolvernos la cortesía.

La primera lectura de Isaías complementa el evangelio. Ambos anticipan lo que Dios tiene preparado para aquellos que lo aman, expresado en la forma de “un gran banquete para todos los pueblos”, de una gran fiesta fraterna.

El Adviento, símbolo de la vida entera, de marcha esperanzada al encuentro del Señor, nos recuerda la necesidad que tenemos de alimento, tanto para el cuerpo como para el espíritu.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Miguel Blázquez Avis, CM

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