El viernes, 14 de septiembre, 150 miembros de la Familia Vicenciana en Denver se reunieron en el Salón de los Caballeros de Colón, en el 1555 de Grant Street, para crear conciencia, mejorar nuestra visión y planificar nuestra respuesta individual y colectiva al problema de la inmigración en los Estados Unidos. Nuestro tema fue Voces desafiantes. Voces curativas. ¿Cómo podemos permanecer en silencio? Mientras compartíamos una comida, nos sentamos adrede con miembros de las distintas ramas de la Familia Vicenciana, dándonos la oportunidad de conocernos y escuchar muchas y diferentes perspectivas.

El P. Guillermo Campuzano, CM, el delegado de la Congregación de la Misión ante las Naciones Unidas, inició la noche con muchos desafíos, entre ellos:

  • La globalización que conduce a nuestra interconectividad. No estamos viviendo en un mundo aislado.
  • La diversidad del mundo, reconociendo nuestra propia diversidad creciente en los Estados Unidos.
  • Enseñanza social católica que afirma el derecho de cualquier ser humano a migrar; al mismo tiempo, los países tienen derecho a regular sus fronteras. ¿Cómo abordamos estos derechos, a veces en conflicto, con la justicia y la misericordia?
  • La separación de los niños de sus familias como una violación de los derechos humanos.

El enfoque de estos desafíos creó el clima para ofrecer una presencia curativa a consideración de cada participante. Aline Cervantes contó su historia como inmigrante de México, compartiendo algunas de las alegrías y luchas que ha soportado en sus cortos 20 años. ¿Cómo podemos, como vicencianos, responder a la necesidad de curación? La curación de quienes han emigrado aquí desde otros países y aún no tienen derechos, la curación de nuestra nación, la curación de individuos que huyen de la guerra, la violencia, las dificultades económicas en el hogar. ¿Vemos a la persona sin documentación en nuestro vecindario y le ofrecemos hospitalidad? ¿Oramos por la curación de las personas que vienen a los Estados Unidos en busca de protección y son víctimas de la trata de personas? ¿Ofrecemos santuario en nuestras iglesias, ciudades, estados?

¿Cómo podemos estar en silencio? Atim Otii, abogada de inmigración de Lutheran Family Services, compartió con los participantes el proceso de ciudadanía que se lleva a cabo aquí en los Estados Unidos. No hace falta decir que, en el peor de los casos, es difícil. Una vez que nos hayamos despertado y nos demos cuenta de la complejidad de los cambios sistémicos que necesita nuestro país en relación con las leyes de inmigración, ¿cómo podemos guardar silencio? ¿Cómo usamos nuestra voz para compartir estas injusticias con otros, en nuestras propias comunidades? ¿Cómo votamos, considerando a los que viven aquí sin documentación? ¿Cómo usamos nuestra voz en el Congreso, escribiendo a nuestros representantes o compartiendo públicamente nuestros puntos de vista y lo que hemos aprendido?

Voces desafiantes, voces curativas, ¿cómo PODEMOS permanecer en silencio? Cuando terminamos la noche, cada miembro eligió un paso de acción y una declaración de algo que aprendieron, para llevarlo a su rama de la Familia Vicenciana. Colectivamente e individualmente no estaremos en silencio. Hablaremos y actuaremos. Expresemos nuestras propias preocupaciones; hablemos con nuestros votos; escribamos cartas; aprendamos más; entremos en relación con aquellos que son diferentes de nosotros; recemos; escuchemos la llamada del papa Francisco, que nos dice: “Emigrantes y refugiados no son peones sobre el tablero de la humanidad. Se trata de niños, mujeres y hombres que abandonan o son obligados a abandonar sus casas por muchas razones, que comparten el mismo deseo legítimo de conocer, de tener, pero sobre todo de ser “algo más”.

* Nota: La Familia Vicenciana de Denver está compuesta por el Centro para la Espiritualidad en el Trabajo, los Voluntarios Vicentinos de Colorado, las Hermanas de la Caridad y Asociadas, la Sociedad de San Vicente de Paúl, y los Hermanos y Sacerdotes de la Congregación de la Misión.

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