Los Vicentinos en París lideran los esfuerzos por reubicar a los migrantes que huyen del peligro

por | Ago 21, 2018 | Noticias, Sociedad de San Vicente de Paúl | 0 comentarios

PARIS (CNS) — Mientras Europa sigue luchando con las llegadas de inmigrantes y migrantes, los católicos en la capital francesa están prestando atención al llamamiento del papa Francisco para ayudarlos brindando ayuda práctica y espiritual a los recién llegados.

Una figura clave que coordina la ayuda católica es Jerome Perrin, presidente de la Sociedad de San Vicente de Paúl en París y miembro de la Parroquia de St. Rosalie, ubicada en un barrio en la margen izquierda al sur del río Sena.

«Cuando era un joven estudiante, hice un curso sobre inmigrantes y cómo ayudarlos. En ese momento, eran los argelinos», dijo Perrin, de 63 años, a Catholic News Service en una oficina parroquial adornada con una foto del papa Francisco.

Han pasado cuatro décadas hasta 2015, cuando una afluencia masiva de refugiados desde Siria y otros lugares realizó el peligroso viaje a Europa, atrayendo la atención del mundo.

Fue el llamado del papa Francisco y el cardenal jubilado de París, Andre Vingt-Trois, a responder a los recién llegados necesitados lo que empujaron a Perrin y otros católicos a la acción.

Perrin trató la situación con el personal de St. Rosalie, estableció un sistema de comunicación para contactar a los refugiados y comenzó una asociación de refugiados. Las parroquias cercanas se unieron al esfuerzo.

«Para mí, eso significa, en el espíritu de la Sociedad de San Vicente de Paul, llevar el mensaje a quienes están cerca y en solidaridad», dijo Perrin, vicepresidente del fabricante de automóviles Renault y doctor en física y licenciando en teología canónica católica.

Perrin primero se centró en el alojamiento para los refugiados. En París, encontrar vivienda es un desafío, incluso para los parisinos, pero pudo ubicar un hotel para refugiados sirios e iraquíes. «Luego encontré un lugar llamado La Mie de Pain (migas de pan)», dijo.

No muy lejos de la iglesia de St. Rosalie, el complejo moderno alberga principalmente hombres sin hogar. A petición de Perrin, los directivos acordaron recibir a 60 migrantes de Sudán, Eritrea y Afganistán. Un abogado fue contratado para manejar asuntos legales. Se presentó un programa para que los refugiados pudieran aprender francés y la cultura local a través de salidas mensuales y comidas especiales para fomentar la construcción de relaciones entre los parisinos y los recién llegados.

«Mientras compartíamos una comida juntos y charlábamos, un joven migrante sudanés comenzó a mostrar fotos, relatando los detalles de su viaje angustioso, durante la primera comida de la parroquia», dijo Perrin. «Esto me impresionó profundamente y subrayó que cada persona que viene a Francia tiene su propia y única historia que contar».

La integración de refugiados y migrantes en la sociedad francesa es un desafío importante.

«Otro joven sudanés aprendió francés rápidamente, en seis meses, encontró un lugar para vivir y trabajar también. Una historia de éxito, diríamos. Pero él me dijo: ‘Es difícil. Me siento solo. Mis vecinos no me conocen y con otras sudaneses, las relaciones tienden a caer en las líneas tribales y no garantizan la amistad'», dijo Perrin sobre el joven.

St. Rosalie está proporcionando viviendas para una familia siria y está ayudando a otras dos familias del país devastado por la guerra. Uno de los refugiados es George, un católico de Alepo. Pidió que su verdadero nombre no se use por miedo a represalias contra familiares en su tierra natal.

Un distribuidor de piezas de automóvil, George, de 46 años, habla con fluidez el francés. Dijo que dejó Siria en 2017 a causa de la guerra y siente que «los cristianos en Oriente ya no están representados adecuadamente en su sociedad».

«La vida es más fácil con mis amigos franceses», le dijo a CNS. «He encontrado la solidaridad y la fraternidad en el contexto de la vida parroquial católica en París».

George, que finalmente espera que las autoridades francesas le autoricen a trabajar, agradeció a Perrin por encontrar para su familia un lugar para vivir y por ser una fuente de continua esperanza para los refugiados.

«Jerome nos ha ayudado, a ellos y a todos», dijo George sobre Perrin. «Es por eso que lo llamo ‘Súper Jerome'».

Perrin solo le da gracias a Dios y al Espíritu Santo por algunas de las intervenciones milagrosas.

Perrin dijo que tiene una cartera de asociaciones y organizaciones que brindan ayuda especializada a migrantes y refugiados.

«Es importante vincular a las personas en conjunto, en lugar de individualmente, que las personas brinden ayuda únicamente por su cuenta», dijo.

«Ahora, me siento como un pequeño director de orquesta», agregó Perrin. «Así aprecio la cooperación que ahora tenemos entre las asociaciones y las parroquias».

En el norte de París, el padre Kokoli-Ce Herve Loua, de la parroquia St. Denis de la Chapelle, organiza un desayuno semanal los sábados con feligreses, migrantes y refugiados de la cercana zona de Porte de la Chapelle, donde viven muchos. Las dos parroquias mantienen relaciones laborales informales.

«Es muy diverso. Hay muchos sudaneses y eritreos pero también personas de África occidental, incluyendo Costa de Marfil, Malí y Guinea», dijo el joven sacerdote, que proviene de Guinea, a CNS durante una reunión de desayuno.

«Desayunamos juntos, la gente también puede recargar sus teléfonos celulares y hacer un pequeño curso de francés. Todos son bienvenidos y necesitan una sonrisa, una pequeña palabra de aliento», dijo el sacerdote.

«También rezamos con las personas. Compartimos la Buena Nueva, celebramos y servimos» a los inmigrantes principalmente musulmanes, dijo el padre Loua.

El arzobispo de París, Michel Aupetit, ha destacado la migración y la importancia de servir a los refugiados desde que fue instalado en enero, dijo Perrin.

«Una gran reunión con el arzobispo y alrededor de 400 personas de todas las parroquias que trabajan con refugiados tuvo lugar pocos días después de su (instalación)», dijo Perrin.

«No fue solo un tránsito simbólico de un arzobispo a uno nuevo, sino un reconocimiento de parte de la iglesia francesa del ministerio vital que se necesitaba para los refugiados y los migrantes».

Fuente: America Magazine Online,
Autor: Dale Gavlak

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