El estudio y la oración —enseñaba Vicente— son elementos esenciales; sin embargo, la labor no puede detenerse ahí.


El estudio y la oración —enseñaba Vicente— son elementos esenciales; sin embargo, la labor no puede detenerse ahí.

Las citas que leemos en línea —provenientes de nuestros fundadores y santos, de la Regla e incluso de la Sagrada Escritura— se comprenden siempre mejor dentro del contexto del pasaje completo del cual han sido extraídas. Leer y repetir únicamente fragmentos breves no solo nos desvía de su sabiduría, sino que también puede tentarnos a buscar citas que respalden aquello que ya hemos decidido, en lugar de buscar una comprensión que nos ayude a discernir mejor.

Cuando nos enfrentamos a dos aparentes contradicciones o polaridades, la verdadera respuesta no consiste tanto en decidir entre «esto o aquello», sino más bien en llegar a la fórmula de «ambas cosas a la vez».
Los vicentinos no son soldados, maquinistas ni enfermeros a quienes se recluta para cubrir cuotas, se forma y se envía a ocupar puestos vacantes. Esto es una vocación, no una profesión, y en la Sociedad no hay vacantes que cubrir, sino anhelos de Dios en los corazones de los posibles miembros.
Una de las características más distintivas de la espiritualidad vicentina es su naturaleza eminentemente física: «amamos a Dios con la fuerza de nuestros brazos».
Una de las características más distintivas de la espiritualidad vicentina es su naturaleza eminentemente física: «amamos a Dios con la fuerza de nuestros brazos».
Una de las características más distintivas de la espiritualidad vicentina es su naturaleza eminentemente física: «amamos a Dios con la fuerza de nuestros brazos».
Existen límites a lo que podemos hacer para atender las necesidades de nuestros vecinos. A veces es una simple cuestión de matemáticas: literalmente no tenemos dinero para pagar el alquiler o la factura de la luz. Otras veces, la necesidad exige niveles de especialización que tal vez ningún miembro de nuestra Conferencia posee. Es fácil ver lo que podemos hacer; discernir lo que debemos hacer puede resultar más difícil.
Existen límites a lo que podemos hacer para atender las necesidades de nuestros vecinos. A veces es una simple cuestión de matemáticas: literalmente no tenemos dinero para pagar el alquiler o la factura de la luz. Otras veces, la necesidad exige niveles de especialización que tal vez ningún miembro de nuestra Conferencia posee. Es fácil ver lo que podemos hacer; discernir lo que debemos hacer puede resultar más difícil.
En nuestros días —tanto como en 1833—, jóvenes y ancianos enriquecen mutuamente sus vidas: los jóvenes aportan su entusiasmo y su asombro ante todas aquellas cosas que para ellos resultan novedosas; los ancianos, por su parte, ofrecen la perspectiva y la serenidad de saber que todo saldrá bien.
Se sentaron, escucharon, conversaron y compartieron, ofreciendo palabras de consuelo y transformando, poco a poco, la desesperanza en esperanza.
Santa Luisa de Marillac es presentada con frecuencia como una mujer muy ansiosa e insegura, que se altera con facilidad y es indecisa, y que necesita una guía constante de san Vicente de Paúl. Sin embargo, Luisa era una líder nata, un don que Vicente reconoció desde el primer momento.