“Moisés, teniendo en cuenta la dureza de su corazón…”

Ez 16, 59-63; Is 12; Mt 19, 3-12.

La relación de los escribas y de los fariseos con Jesús normalmente no fue buena, pues movidos por envidia y soberbia, buscaban hacerlo quedar mal con sus preguntas capciosas. Hoy se presenta una de esas ocasiones con motivo de si era correcto o no repudiar a la esposa (divorciarse). Él les recuerda el plan de Dios citando el Antiguo Testamento (Gn 2, 24) y el porqué del “permiso” que les concedió Moisés. Es precisamente lo que indirectamente les recrimina Jesús, se debió a “la dureza de su corazón”.

Nos narra el libro del Génesis que en el principio creó Dios el cielo y la tierra por medio de su Palabra, viendo que lo que hacía estaba muy bien. Pero cuando creó a Adán y a Eva, los creó con libertad y llamados a vivir un plan que ellos rechazaron. De igual manera Dios nos ha acompañado a lo largo de la historia y nos ha ofrecido su mano paternal, que a veces hemos rechazado. En la plenitud de los tiempos nos envió a su hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, mostrándonos su voluntad y su llamado a vivir no de acuerdo a la “dureza de nuestro corazón”, sino en la libertad de los hijos de Dios, nuestro Padre.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Juan Carlos Reyes Mendoza, cm

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