2 Tm 2, 8-15; Sal 24; Mc 12, 28-34.
“No hay mandamiento mayor que el amor”
El maestro de la Ley, interesado en conocer la opinión de Jesús respecto a toda la reglamentación judía, su postura y sus puntos de interés, lo cuestiona sobre el mandamiento más importante de toda la Ley. Jesús, como respuesta, le cita dos textos del Antiguo Testamento (Dt 6, 4 y Lv 19, 18). El mandamiento principal es el amor –le dice–, amor a Dios y amor al prójimo.
Mirándolo bien, nos damos cuenta que el amor no es un mandamiento más, sino la suma de todos los mandamientos. No es algo que podemos hacer aquí o allá, sino una actitud que abarca la vida toda, el corazón, el alma, la mente y las fuerzas.
El amor es el fundamento de todo, en torno al cual Jesús nos pide estructurar la vida, nuestra relación con Dios y con los hermanos, nuestras intenciones, nuestros pensamientos, todo.
El amor es la ruta del hombre peregrino que busca la salida a este
laberinto que es el mundo. Es el plano en torno al cual se puede ir construyendo el Reino de Dios, entre los escombros en que hemos convertido este mundo. El amor es la única fuerza capaz de transformar el corazón y la vida de los hombres llenándola de luz, esperanza, consuelo y paz. No hay ley más grande.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Silviano Calderón, cm
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