Is 65, 17-21; Sal 29; Jn 4, 43-54.

“Vuelve a tu casa, tu hijo ya está bien”

Hay circunstancias en la vida que no nos favorecen, al contrario, nos oprimen y nos recuerdan que no podemos ni sabemos todo. En algún momento llega la enfermedad, se presenta el desempleo, la violencia pone su tienda a un lado de nuestra morada, o la muerte nos visita…

En medio de esas experiencias que nos sacuden fuerte, Dios nos pide confiar sinceramente en su Palabra. Él permanece, su fidelidad perdura.

Claro que no resulta sencillo, es verdad que la angustia se sobrepone a nuestra esperanza, además nuestra urgencia nos lleva a pedirle a Dios que se haga presente con fuerza y se dé prisa. Solemos ser hombres y mujeres necesitados de prodigios para creer que Dios avanza a nuestro lado.

El evangelio presenta un oficial de la corte, lo que nos lleva a pensar que está acostumbrado a dar órdenes y a que éstas se ejecuten. Este hombre tiene un hijo que se debate entre la vida y la muerte y le ha pedido a Jesús que vaya con él y lo sane, pero recibe como respuesta un “vuelve a casa, tu hijo ya está sano”.

Aquel hombre creyó en la Palabra de Jesús y pudo experimentar la salvación de su hijo.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Emmanuel Velázquez Mireles, cm

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