Oigo la palabra colaboración muy a menudo estos días. La oigo en el trabajo, en la televisión y en el servicio. Las palabras “colaboración” y “cooperación” se utilizan a veces indistintamente, pero representan modos de contribución algo diferentes. Cooperar es trabajar juntos para hacer algo que no necesariamente es parte de sus creencias. Sin embargo, la colaboración tiene un objetivo común que se implanta profundamente en los que trabajan para lograrlo. Las ramas de la Familia Vicenciana comparten: la misma historia, realidades y aspiraciones, objetivos y metas.

Los signos de la colaboración aparecieron muy temprano con la primera fundación de la Familia Vicenciana. San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac encarnaron esta ideología en una amistad que resultó de gran importancia para la Iglesia y los pobres. Estas dos personas excepcionales con sus diferentes personalidades dieron un ejemplo significativo de humildad y sacrificio por el bien común. Vicente era un niño campesino, mientras que Luisa era una chica de ciudad. Uno podría pensar que personas tan diferentes en sus orígenes, experiencias, personalidades y modos de ser, nunca podrían colaborar y lograr un resultado exitoso. Su camino juntos les cambió a sí mismos, para bien de la Iglesia. Durante años, aprendieron a conocerse, estimarse y respetarse el uno al otro mientras trabajaban intensamente ayudando a los pobres en toda Francia y fuera de sus fronteras. De esta colaboración resultó la fundación de las Damas de la Caridad, Hijas de la Caridad, etc.; para ayudar a miles de personas de diferentes edades.

En el 2013, el Programa de Acción Colaborativa de la Familia Vicenciana (VFCAP) inició una reunión en París con representantes de las diferentes ramas de 20 países. Otras reuniones siguieron en diferentes idiomas y con otras ramas que se incorporaban. Las reuniones fueron muy fructíferas y los miembros que asistieron fueron las semillas de la colaboración entre las diferentes ramas en sus países. Cada miembro anotó un plan de acción que buscaba sensibilizar sobre la importancia de la colaboración entre las distintas ramas y cómo ponerlas en práctica. Los asesores de VFCAP visitaron varios países para ayudar a las nuevas oficinas de Familia Vicenciana en todo aquello que necesitaban. Actualmente, estos países, junto a otros muchos, han emprendido muchos proyectos exitosos y han identificado muchos “Vicentinos no afiliados” que viven con las virtudes Vicentinas en sus vidas cotidianas.

A medida que vivimos el Cuatrocientos aniversario del nacimiento del carisma Vicenciano, como miembros de JMV, estamos llamados a enriquecernos con las experiencias de los demás, y enriquecer a otros con las nuestras. Colaboremos para crear amistades, habilidades, actitudes y misiones en común con toda la Familia Vicenciana. Creamos en el poder del “nosotros”, que es siempre más poderoso que un “yo”. Nuestros recursos como familia son enormes si nos proponemos un objetivo común incluso teniendo diferentes enfoques para lograr este objetivo. Impliquémonos en la Iglesia en salida, es decir, al lado de los pobres y con los pobres.

“Deberíamos ayudar a los pobres en todos los sentidos y hacerlo por nosotros mismos y alentando la ayuda de los demás”

Autor: Andrew Wagdy, Consejero Internacional JMV
Fuente: http://www.secretariadojmv.org/

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