Evangelio y Vida para el 24 de julio de 2017

por | Jul 24, 2017 | Evangelio y Vida, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Ex 14, 4-18; Sal: Ex 15, 1-6; Mt 12, 38-42.

Del Dios verdadero se supo a partir de un conflicto social entre unos esclavos hebreos y el sistema explotador egipcio. Se siguió escuchando su rumor revelador en los profetas que clamaban por la gloria de Dios en los derechos de los pobres. Y se supo definitivamente en la vida y en la muerte de Jesús de Nazaret y en su Resurrección, que fue el aval y firma de Dios bajo esta vida y esta muerte, y no bajo alguna otra.

Jesús nos anuncia en el evangelio de hoy que llegará a estar “tres días y tres noches en el seno de la tierra”, como Jonás en el voraz cetáceo. Ni un momento más. Luego sería su resurrección. La muerte no podrá con tanto amor suyo. ¿Y no despertamos para dejarnos encontrar por él, para vivirlo con plenitud? ¿Tenemos tiempo para otras cosas y no para la más importante de la vida?

Los ninivitas, que se convirtieron por la palabra de Jonás, o la reina del Sur que hizo un difícil y largo viaje para escuchar la sabiduría de Salomón, serán nuestros jueces. Nosotros –nos dirán– nos pusimos en pie ante señales tan escasas, y ustedes, ¿no han sido capaces de convertirse ante el Hijo de Dios, ante aquél que los amó hasta dar su vida por ustedes?

Ah, Señor, ¿qué podremos contestar aquel día cuando veamos tus ojos? Danos la gracia de no perder más días, de no inventar más retrasos y excusas.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Honorio López Alfonso, cm

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