“Las almas verdaderamente pobres y deseosas de servir a Dios deben tener gran confianza en que al venir a ellas el Espíritu Santo y no encontrar resistencia alguna, las dispondrá convenientemente para cumplir la santísima voluntad de Dios, que debe ser su único deseo. Y para no resistir la venida del espíritu Santo, es preciso estar dispuestas a obedecer, como los Apóstoles, con un reconocimiento sincero de nuestra impotencia, desprendiéndonos por completo de todas las criaturas y hasta de Dios mismo en cuanto a los sentidos, puesto que vemos cómo el Hijo de Dios, que fue quien preparó a los Apóstoles para recibir al Espíritu Santo, los colocó en ese estado privándolos de su santa y divina presencia. Y, al bajar el Espíritu Santo a las almas así dispuestas el fuego de su amor consumirá todos los obstáculos a las operaciones divinas, establecerá en ellas las leyes de la santa Caridad y les dará fortaleza para obrar por encima del poder humano, con tal de que esas almas permanezcan en un desprendimiento total. Pues el amor que debemos tener a Dios ha de ser tan puro que no pretendamos en la recepción de sus gracias nada más que la gloria de su Hijo, como nos lo enseña en la persona de los Apóstoles a quienes, al prometerles el Espíritu Santo, les aseguró que por El sería glorificado” (E 87).

Meditación de santa Luisa al final de su vida, cuando desarrolló una espiritualidad propia centrada en el Espíritu Santo y en el puro amor..

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Reflexión:

  1. La Ascensión del Señor nos da la idea de que Jesús subió a los cielos materialmente. Sin embargo, es un modo popular de expresar un misterio: que Jesús es Dios y está sentado a la derecha del Padre. Por eso los evangelistas ponen la Ascensión el mismo día de la Resurrección, indicando que la exaltación de Jesús a la derecha del Padre es inseparable de su resurrección y queda completada con la entrega del Espíritu Santo. Así, la comunidad de los discípulos queda configurada en la ascensión de Jesús, como la comunidad profética que hereda el Espíritu de Jesús para continuar su misión.
  2. La Ascensión contiene varias ideas. La primera indica la glorificación de Cristo, subrayando que la glorificación del Cristo encarnado es asimismo la glorificación de la humanidad. La segunda indica la tensión hacia los bienes celestiales. El cielo existe y no está en la tierra, está en Dios, la felicidad verdadera sólo se encuentra en Dios. Por eso, una vida sumergida en las realidades terrenas sin preocuparse de las celestiales no va con una Cabeza glorificada. Y tercera: la glorificación de la Cabeza es esperanza de que también nosotros seremos glorificados y nos ayuda a explicar que la Iglesia crece por las energías que le vienen de Cristo: la predicación de los Apóstoles, la acción sacramental, la gracia y el don del Espíritu Santo.
  3. Con la Ascensión culmina, en cierto modo, el ciclo de la encarnación y se abre el del Espíritu Santo con tres temas: el Espíritu don de Cristo glorificado, el misterio de la Iglesia obra del Espíritu y la misión evangelizadora que impulsa el Espíritu. La función del Espíritu en la Iglesia no es suceder a Cristo ni suplantarlo, es «llevar a plenitud su obra en el mundo». Corresponde al Espíritu asegurar la presencia invisible y perenne de Cristo y su obra, dando testimonio de Cristo.

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Tienes conciencia de la presencia del Espíritu de Jesús en tu interior?
  2. ¿Te comprometes a un cambio de vida, según lo que el Espíritu de Dios te pide en cada momento y a través de las mediaciones humanas: oración individual, proyecto personal; contrastando las experiencias y animándose mutuamente?

Benito Martínez, C.M.


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