Las Familias Vicencianas han de prestar atención a la encíclica del Papa Francisco Amoris Laetitia desde un punto de vista especial.
Uno de los miembros fundadores de las obras del Centro «Faith & Justice» y sus programas «worX», Mike Laskey, continua reflexionando sobre sus raíces vicencianas mientras reflexiona el documento más reciente del papa Francisco.
En la liturgia, como en la vida, la familia —y las familias vicencianas en particular—, necesitan mantener su forma y ser moldeadas por sus experiencias eclesiales.
La misa —dijo el experto Aidan Kavanagh—, está haciendo que el mundo sea de la manera en que está destinado a ser. Al final de cada celebración litúrgica, somos enviados a hacer que el mundo se asemeje más a la vida de unidad que se practica en el santuario, donde todos son bienvenidos a la mesa y pueden recibir lo que necesitan.
¿Cuántas veces hacemos esas conexiones? ¿Cómo podemos ayudar conscientemente a nuestras familias para que vivan la vida vicenciana, moldeada en nuestras propias celebraciones eucarísticas? ¿Dejamos que nuestra vida en el hogar sea el lugar donde primero se aprende sobre la inclusión frente a la marginación, donde se lea que «los bienes de la tierra pertenecen a todos»? ¿Son nuestros hogares escuelas de solidaridad y misericordia?
Formado por este amor eucarístico, nuestras familias pueden llegar a ser lo que Francisco llama en el documento «célula[s] vital[es] para la transformación del mundo.» Nuestras familias están destinadas a ser escuelas de caridad, donde la compasión y el cuidado de los pobres sean aprendidas y practicadas. Pienso en mi amigo Sean, que ha dedicado su vida al ministerio de la justicia social católica. Cuando él era niño, su familia solía ayudar a servir comidas en un comedor cada Navidad. Sean no recuerda esta tradición como algo extraño o inusual. «Era algo que hacíamos», dice. Él aprendió a ser misericordioso en su familia y eso tuvo un profundo impacto en la persona en la que se ha convertido.
Lee la reflexión de Mike aquí [en inglés]. Michael Jordan Laskey trabaja en la oficina de Ministerios de Vida y Justicia en la Diócesis de Camden, Nueva Jersey (EE.UU.)
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