¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus impuros y éstos lo obedecen!
1Sam 1, 9-20; 1Sam 2; Mc 1, 21-28.
Jesús actúa con una sorprendente sencillez. No se pierde en teorías sobre el bien y el mal; él busca una sola cosa: hacer la voluntad de Dios. Ésa es su pasión. (Y ojalá que se me contagie y también yo tenga esa misma pasión). Los maestros de la ley reconocían la autoridad de la Escritura, pero la utilizaban para juzgar y oprimir o para presumir de sabios y despreciar a los ignorantes. En cambio Jesús sabe escuchar en la Sagrada Escritura la voluntad de Dios, no se queda en juicios condenatorios, sino en esa comunión con su Padre, el Dios que perdona sin medida alguna y también siendo incluyente incorpora de nuevo al hombre a la vida nueva y a la comunidad.
La autoridad de Jesús es integral, pone en libertad al hombre poseído “Cállate y sal de él”. Y el hombre quedó sano, pues el demonio había salido de él obedeciendo la resolución de Jesús. Así nos lo dice el evangelio de hoy.
A nosotros la Sagrada Escritura nos ilumina para discernir y obedecer la voluntad de Dios en el tiempo presente, pero no es un manual de reglas minuciosas, ni ofrece simplemente unas instrucciones para el “diseño humano” que Dios ha aplicado en nosotros. En esta perspectiva, acudimos a la Biblia como aquel escriba o como aquel padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas (Mt 13, 52).
Dame, Dios mío, hacer tu voluntad cuando es fácil y cuando me parece difícil, ¡especialmente hoy!
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Vicente Hernández Nolasco, C.M.
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