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Día de Oración y Ayuno Vicentino: martes 12 de enero de 2016

por | Ene 12, 2016 | Reflexiones | 0 comentarios

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Día de Oración y Ayuno Vicentino
martes, 12 de enero del 2016
Año de la Misericordia

María Madre de Dios – Acogiendo al forastero – Misericordia de Dios – Resoluciones de Año Nuevo

Queridos hermanos y hermanas Vicentinas: oremos siempre por aquellos a quienes servimos y por nuestra Familia Vicentina en todo el mundo. Recordemos que debemos rezar por nuestros sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y nuestro querido papa Francisco. Señor, ¿quieres sanar en mí lo que parece ser imposible? Ayúdame a darte el sí que tú necesitas para que pueda ser testigo de la salvación que tú ofreces. Amén.

María Madre de Dios – A María se le dieron dones de Dios y fue llamada a servir. Ella ni se quejó, ni discutió. Ella dijo que “sí.” Probablemente estaba muy asustada. Pues era todavía una adolescente a punto de quedar embarazada. ¿Qué crees que estaba pasando por su mente? Este fue un gran acto de fe. Le dieron cuatro dones especiales de Dios. El primero fue el regalo de ser elegida. Dios la escogió para su papel, así como Él nos elige a nosotros. María dijo “Sí.” Su segundo regalo fue una misión. Dios le presentó a María una misión. También a nosotros, se nos presenta una misión y Dios está con nosotros. Ella no entendía, pero confiaba y otra vez dijo “Sí.” Su misión era la de ser la Madre del hijo de Dios. Nuestra misión es servir a los necesitados. Entonces, Dios le dio el Espíritu Santo y quedó embarazada de un niño muy especial. El Espíritu Santo es el don más grande que recibió María y es el regalo más grande para nosotros también. El Espíritu Santo conduce y nos guía a nosotros, así como el Espíritu Santo guio a María. Entonces Dios le dio el don de la aceptación. María aceptó el plan de Dios y se convirtió en la Madre de Jesús. Su siguiente regalo fue el de dar. Se nos ha dado este regalo también. María dio a su Hijo para nosotros. Esta fue la mejor dádiva de María. Dios nos otorgó este don a nosotros también. Estamos llamados a dar de diferentes maneras. Somos los elegidos de Dios y tenemos los cuatro regalos, sólo tenemos que usarlos para el bien de los demás y decir “Sí” a su llamado.

Acogiendo al extraño (o extranjero) – Hoy estoy asistiendo a un taller de Refugiados de Siria presentado por mi Diócesis. Esto nos dará una mejor comprensión de cómo podemos estar presentes para ellos. “Fui forastero y me acogisteis.” Esta declaración en Mateo es una que seguimos con gusto y con amor en la familia Vicentina. El 102avo. Día Mundial de los Migrantes y Refugiados, es el 17 de enero de 2016. Estamos llamados a servir a los que vienen a nuestro país. Estamos llamados a servir a aquellos que no pueden hablar nuestro idioma o que no conocen nuestras costumbres. Ellos están temerosos por ser desplazados. Nuestro trabajo es servir a Jesús en cada uno de ellos. El papa Francisco nos ha instado a llegar más allá de la «globalización de la indiferencia,» para escuchar los gritos y escuchar el sufrimiento silencioso de nuestros hermanos y hermanas. Él ha desafiado a todas las parroquias Europea para que les den la bienvenida a las familias de refugiados. Debemos responder a esta crisis, aquí y ahora, como cristianos, como canadienses, y como seres humanos. El número de los refugiados es mayor que después de la Segunda Guerra Mundial. Todos tienen necesidades y nosotros estamos llamados a servirles. En un mundo ideal, nadie tendría que abandonar su país de nacimiento. Por desgracia, en nuestro mundo de hoy, la persecución, la opresión y la guerra están dando lugar a una crisis tras otra, lo que obliga a los inocentes a alzar vuelo y dejar sus patrias. Incluso, el niño Jesús mismo fue un refugiado cuando su familia huyó de la persecución del rey Herodes (Mateo 2,13-14). Estamos llamados a servir a Jesús en cada uno de los Refugiados y a dar la bienvenida a los extranjeros (forastero). Hebreos 13: 2: “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.”

La misericordia de Dios – Encuentra, hoy, un lugar tranquilo con Dios. No podemos dar a los demás lo que no tenemos, si no tomamos tiempo para cultivar nuestra relación con Dios. Vivimos en un mundo muy trepidante y parece que nunca podemos alcanzar todas las exigencias de esta velocidad. Nos esforzamos más y trabajamos más rápido y estamos ocupados por mucho tiempo; sin embargo, parece que la gente que exige un pedazo de nuestro tiempo es más numerosa de lo que podemos manejar. ¿Cuántas veces le pedimos a Dios por algo, pero nuestras oraciones no son respondidas? ¿Por qué sucede eso? Hemos escuchado todas las respuestas estándar: Dios respondió, pero la respuesta fue no. Nosotros no oramos lo suficiente o decimos la oración correcta. No tenemos suficiente fe. Si nuestra respuesta es, “Dios está demasiado ocupado para preocuparse de mí.” Esto simplemente no es verdad. Tenemos que creer y pasar el tiempo con Dios para sentir su misericordia. A veces nos frustramos con nuestra apretada agenda y no entendemos por qué Dios no nos está ayudando. No es Dios quien está demasiado ocupado somos nosotros y tenemos que tomar el tiempo para hablar con él. Pasar el tiempo en soledad tranquilo para permitir que Dios nos nutra. Encontremos ese lugar especial y tranquilo y que sea de nuestra zona de reflexión para que podamos estar a solas con Dios; sin distracciones. Roguemos para que se haga su voluntad. Él siempre estará con nosotros; terminemos por tomar el tiempo para sentir su presencia y escuchemos su mensaje. Nunca estaremos solos. Tomémonos el tiempo para recibir su misericordia.

Resoluciones de Año Nuevo – Viva, rece y ame siempre. Viva los 10 mandamientos. Ellos no son una carga y no son un test de escogencia múltiple. Cada uno va a hacer del 2016, un mejor tiempo para vivir. Nuestra fe es el secreto para hacer que en las cosas que hacemos nos sintamos cómodos y tranquilos. Se trata de hacer Resoluciones de Año Nuevo que le conviertan en un mejor ‘usted.’ Siempre podemos sonreír más, especialmente a los empleados o los camareros y camareras. Amar más a la familia y orar más con la familia. El amor tiene el poder de llevarnos a una vida mejor. . Leamos más la Escritura, y dejemos que nos guíe. Se nos ha dado el Espíritu Santo para ayudarnos a amar a los demás incondicionalmente a pesar de que a veces necesitamos amor sobrenatural. Oremos y el amor viene fácil. Es asombroso. ¿Nos sentimos mejor? ¡Absolutamente! La frase clave que solía ser «¿Qué haría Jesús?» Esto se aplica en la actualidad. Oremos y pensemos como manejaría Jesús las cosas. Disfrutemos del cambio. Después descubriremos lo que el amor puede hacer. Jesús es amor.

Bendiciones,

Lynn

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