orozcoEl pasado 24 de mayo comenzaba de manera oficial lo que el Padre General de la Congregación de la Misión, sucesor de San Vicente de Paúl en los primeros años de este siglo XXI, ha venido a denominar “Año de la colaboración vicenciana”.

De Pentecostés de 2015 a Pentecostés de 2016 las distintas asociaciones que conforman lo que se viene denominando Familia Vicenciana, desde la profundización en la comprensión y expresión de un carisma común, están invitadas a dar gracias a Dios por el carisma recibido (celebrar), comprender la común riqueza y los diferentes modos de expresarlo (contactar, conocer) y plasmarlo en obras significativas que sigan siendo profecía para nuestro mundo, al estilo de Vicente de Paúl y Luisa de Marillac (servir juntos).

Desde JMV queremos vivir este año en espíritu de total apertura y absoluta disponibilidad. Si algo ha caracterizado a la Asociación desde los inicios de aquellas primeras coordinadoras de la Familia Vicenciana ha sido una leal apuesta por caminar juntos, por construir juntos una misma historia. Creo que nunca se ha hecho más verdad el viejo dicho de que “cuantos más, mejor”: cuantos más enamorados de la opción de servicio a los pobres, mejor; cuantos más profetas de un mundo diferente, según los valores del evangelio, mejor; cuantos más alumnos en la escuela de fe y vida que María abrió en Nazaret, mejor. Este año de colaboración vicenciana es una apuesta decidida por este “cuantos más, mejor”, por sumar, por unir, por aglutinar, por revitalizar, por compartir… y JMV seguirá dando una ilusionada respuesta.

Sabemos que el mundo juvenil no siempre es mirado de manera positiva, hay mucho recelo hacia lo joven en nuestra sociedad: que si poco preparados, que si inconstantes, que si inmaduros o poco probados, que sin identidad propia, que si materialistas, consumistas, egoístas, hedonistas… Lo joven vende como reclamo de publicidad, pero ahí paran las cosas, más allá de eso es muy difícil levantar la “sospecha” sobre lo joven. Eso está en nuestra sociedad, pero existe otra juventud y hay que decirlo bien fuerte: una juventud, madura como joven, que quiere responder a lo que Dios pide en cada momento, que busca su voluntad, que encuentra ratos de oración y lleva vida de oración, que trabaja sirviendo al pobre con el sudor de su frente, que gasta tiempo y energías en construir una sociedad donde los valores del evangelio sean norma. Esa es la juventud que hay en JMV y por la que se trabaja en JMV, y este año es una maravillosa oportunidad para ir de la mano de las otras ramas de la Familia Vicenciana en igualdad de condiciones (que sean jóvenes no significa nada más que nacieron hace menos tiempo) a fin de construir entre todos el Reino de Dios.

La Iglesia nos necesita unidos, hemos de hacer verdad eso de que la unión hace la fuerza. La Iglesia nos necesita entusiasmados, encendidos con el fuego de la caridad, esa llama que abrasó los corazones de San Vicente y Santa Luisa. La Iglesia nos pide credibilidad en el testimonio. Hagamos que este año marque la diferencia.

José Francisco Orzoco, C.M.
Director Nacional de Juventudes Marianas Vicencianas – España.
Fuente: Boletín Vicenciano de los Misioneros Paúles de Barcelona, Madrid y Salamanca, nº 2, julio de 2015.


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