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Formación Reflexiones YoSoyVicente

Tres reflexiones sobre ser místico: nº 1

En su carta a la Familia Vicenciana con ocasión de la fiesta de san Vicente de Paúl, el sucesor de san Vicente, P. Tomaž Mavrič, C.M., invitó a tres misioneros paúles a explorar tres visiones distintas —tres «tomas»— sobre la idea de Vicente como «místico de la caridad». El P. Mavrič y .famvin ya ha explorado con aterioridad este tema. Merece la pena reflexionar sobre cada una de ellas, de una en una Lo haremos hoy y mañana. ¿No tienes a mano la carta del Superior General? Pincha aquí para acceder a muchas versiones, o pincha sobre la siguiente imagen para acceder al recientemente publicado eBook en múltiples idiomas. ¿Ya lo tienes? Bien, comencemos. Primero, el P. Hugh O’Donnell, C.M.

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El P. O’Donnell dice:

Todos sabemos que Vicente era un hombre de acción, por lo que nos puede sorprender que se le pueda presentar igualmente como un místico. Pero de hecho, es su experiencia mística de la Trinidad y en particular de la Encarnación, lo que motivaba todas sus acciones en favor de las personas pobres. Henri Brémond, eminente historiador de la Escuela francesa de espiritualidad, fue el primero en atraer nuestra atención. Él decía: «… Es el misticismo (de Vicente) lo que nos ha dado al mayor de los hombres de acción». Más tarde, André Dodin y José María Ibáñez llamaron a Vicente un «místico de la acción» y Giuseppe Toscani, CM, unía misticismo y acción, e iba al centro de la cuestión llamándole «un místico de la Caridad». Vicente vivió en un siglo de místicos pero él se reveló como el místico de la Caridad.

Ser un místico implica una experiencia, la experiencia del misterio. Para Vicente, esto significaba una profunda experiencia del misterio del amor de Dios. Sabemos que los misterios de la Trinidad y de la Encarnación estaban en el centro de su vida. La experiencia del amor inclusivo de la Trinidad por el mundo y del abrazo incondicional del Verbo encarnado a toda persona humana, ha modelado, condicionado e inflamado su amor por el mundo, y por todo el mundo, más especialmente por los hermanos y hermanas necesitados. Él contemplaba el mundo con los ojos del Padre (Abba) y de Jesús, y acogió a todo el mundo con el amor incondicional, el calor y la energía del Espíritu Santo.

El misticismo de Vicente era la fuente de su acción apostólica. El misterio del amor de Dios y el misterio de los pobres eran los dos polos del amor dinámico de Vicente. Pero el camino de Vicente tenía una tercera dimensión que era su manera de considerar el tiempo. El tiempo era el medio a través del cual la Providencia de Dios se le manifestaba. Él actuaba según el tiempo de Dios y no según su propio ritmo. «Hagamos el bien que se presente», aconsejaba. «No adelantarse a la Providencia».

Otro aspecto de la temporalidad en Vicente era la presencia de Dios aquí y ahora – «¡Dios está aquí!» (influencia de Ruysbroek). Dios está aquí, en el tiempo. Dios está aquí, en las personas, en los acontecimientos, en las circunstancias, en los pobres. Dios nos habla ahora, en ellos y a través de ellos. Vicente era un hombre de la historia que se despliega en el sentido más profundo. Él seguía paso a paso la guía de la Providencia. No tenía agenda personal, ni ideología. Le hicieron falta decenios para alcanzar tal libertad interior, esta es la razón por la que el camino de Vicente hacia la santidad y la libertad (1600-1625) es la clave para comprender la dinámica cotidiana del apóstol de la Caridad.

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Reflexión y reto:

Puedes reflexionar las siguientes preguntas para explorar este primer acercamiento a nuestro místico de la caridad:

1. ¿Vives una «profunda experiencia del amor de Dios»?
2. ¿Empujas con demasiada fuerza para lograr objetivos loables, o te contentas con actuar «de acuerdo al tiempo de Dios»?[/box]

Ora y reflexiona. Mañana, la segunda contribución sobre este énfasis especial del P. Tomaž Mavrič.

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Formación Pobreza: Análisis y respuestas Reflexiones YoSoyVicente

Sirviendo a los presos, #YoSoyVicente

Durante el mes de julio de 2016, un grupo de 12 jóvenes ha participado en el campo de trabajo que todos los años organiza la Capellanía de la Pastoral Penitenciaria en la Prisión de Martutene (San Sebastián, España), en colaboración con Instituciones Penitenciarias.

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Los jóvenes comentaron de la experiencia:

Estos últimos días he podido disfrutar de una grata experiencia de misericordia. No sabía lo que me iba a encontrar al llegar al Centro Penitenciario de Martutene y me veía condicionado por los prejuicios y estereotipos de la sociedad. En las películas siempre se muestra que las cárceles se encuentran llenas de hostilidad. A pesar de que la primera vez me sentí paralizado, con el paso de los días me fui dando cuenta de que Martutene es un reflejo de la sociedad: aquí hay personas de todo el mundo, diversas culturas, religiones de todo tipo…

Este año se me ha brindado la oportunidad de vivir una experiencia de misericordia en la prisión trabajando los siguientes valores: el perdón, el acompañamiento, la acogida, la escucha, la mirada y el servicio. Estos temas han sido importantes porque me han ayudado a reflexionar sobre mi día a día.

martutene 2016 2El perdón, es un valor de gran relevancia para una persona que ha cometido un delito, y por eso los organizadores del campo de trabajo pensaron que era un importante tema para comenzar. En la sesión formativa previa al campo de trabajo nos habló un laico que hizo referencia a su experiencia personal de conversión. Hubo dos frases que me marcaron: “el único que puede perdonar es Dios” y “a veces lo más complicado es perdonarse a uno mismo”. Descubrí que uno de las principales dificultades que tienen los presos es la perdonarse a sí mismos para poder iniciar un proceso de renovación personal de autoestima y de recuperación del sentido de la vida.

La acogida fue presentada por un matrimonio cuyo compromiso cristiano es la acogida de emergencia de niños en riesgo de exclusión. Me impactó su compromiso y cómo veían el no poder tener hijos como una puerta que da paso a ayudar a niños que verdaderamente lo necesitan. Descubrí que Dios busca al hombre sea cual sea la situación en la que se encuentre.

El valor del acompañamiento fue dirigido por un Jesuita dedicado a la reinserción de personas privadas de libertad , que necesitan ayuda para rehacer sus vidas en una sociedad que, en muchas ocasiones, las excluye. Nos habló de la problemática que están viviendo actualmente en Europa los refugiados y de la falta de apoyo que sufren los privados de libertad para su incorporación a la sociedad.

Respecto a la mirada, dirigida por una psiquiatra, recibimos diferentes pautas para lograr observar más allá de lo que vemos, tomando conciencia de lo que estamos observando, cómo lo hacemos y qué sentimos en ello. Conseguimos entender que la mirada es un reflejo del alma y descubrimos que frecuentemente en nuestras conversaciones evitamos mirarnos a los ojos para no mostrar lo que sentimos o pensamos. Nos ayudó a ver la prisión y a los internos desde un nueva perspectiva.

El tema de los valores concluyó con el servicio. Fue impartida por una Hija de la Caridad. Nos transmitió que, así como antes de ser voluntaria de la cárcel solo había vivido del servicio corporal, como enfermera; al empezar a entrar en prisión aprendió que el servicio va más allá de una atención material, es la entrega de uno mismo.

Por otro lado, hemos tenido la oportunidad de recibir una formación penitenciaria de la mano de los profesionales que trabajan en el centro y de este modo hemos podido descubrir más de cerca el funcionamiento de la cárcel. Entre otras cosas los diferentes programas de tratamiento que se llevan a cabo con el fin de poder reinsertar a los internos en la sociedad. En sus palabras podíamos ver el entusiasmo y el compromiso con el que ejercen su profesión, y conocer mejor el resto de entidades con las que colaboran para desarrollar su labor.

La cárcel ha suscitado en mí diferentes emociones, pensamientos y reflexiones, que en un principio eran complicadas de identificar. Al entrar por primera vez encontré un lugar frío y poco acogedor. Un sentimiento de inseguridad me invadió. Fue la eucaristía celebrada por el Capellán, P. Luis Miguel Medina, el primer día de nuestra entrada, lo que generó un ambiente mucho más distendido, ya que fue el primer momento en el que tuvimos la oportunidad de romper el hielo dándonos la paz y charlando después.

Con el transcurso de los días, pudimos comprobar que, gracias a la acogida que los internos nos dieron, aumentaba la naturalidad, ya que pudimos percibir que, a pesar de los lugares de dónde provienen, la edad, la cultura, las dificultades que han atravesado… son personas, al igual que todos nosotros, que merecen el mismo respeto y una segunda oportunidad. Aunque he de admitir que no todo ha sido tan fácil como parece. Temíamos que con nuestras conversaciones pudiéramos abrir heridas que no pudiéramos cerrar, no saber respetar sus silencios y sus deseos de hablar o no con nosotros.

Aunque no sepamos sus nombres, sí que sabemos que cada uno de ellos puede decir #YoSoyVicente por su compromiso con los necesitados.

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Iglesia Noticias Situaciones de necesidad y respuestas YoSoyVicente

Comprometiéndome con la no violencia, #YoSoyVicente

La violencia es a veces fruto, a veces causa de la pobreza. La no-violencia tiene profundas raíces cristianas. Decir #YoSoyVicente significa comprometerse con una postura que rechaza la violencia, para que los pobres no sufran.

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Como cristianos comprometidos con un mundo más justo y pacífico, estamos llamados a tomar una clara posición a favor de la no violencia creativa y activa, y contra todas las formas de violencia. Con esta convicción, y en reconocimiento del Año Jubilar de la Misericordia declarado por el Papa Francisco, personas de muchos países se reunieron en la Conferencia de Paz y No Violencia y patrocinada por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y Pax Christi Internacional el 11-13 de abril de 2016, en Roma.

Nuestra asamblea, pueblo de Dios de África, América, Asia, Europa, Oriente Medio y Oceanía, incluye a laicos, teólogos, miembros de congregaciones religiosas, sacerdotes y obispos. Muchos de nosotros vivimos en comunidades que sufren violencia y opresión. Todos nosotros somos practicantes de la justicia y la paz. Estamos muy agradecidos por el mensaje a nuestra conferencia del Papa Francisco: «sus pensamientos sobre la revitalización de las herramientas de la no violencia y particularmente de la no violencia activa, será una contribución necesaria y positiva.»

¿Puedes adoptar esta postura de no violencia en favor de nuestros hermanos y hermanas en Oriente Medio, África, Asia, América Latina, en las calles de Estados Unidos, las iglesias de Francia, y tantos otros lugares? Lee más y considera añadir tu apoyo aquí. Aunque la petición esté en inglés, es fácil de seguir, y tienes una traducción al español de la declaración aquí. Es otra forma de decir #YoSoyVicente.

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Los misioneros de la Universidad de Niagara regresan a casa @NiagaraUniv

Hace unos días os hablabamos sobre algunos misioneros de la Universidad de Niágara que fueron a Haití. Ya han regresado a sus hogares, y tienen más noticias que contarnos.

WIVB Buffalo cuenta la buena noticia:

Los estudiantes de último año de la Universidad de Niagara, Morgan Dahlberg y Amber Mis, están acostumbrados a ser estudiante, pero durante las últimas 7 semanas los papeles se invirtieron en un internado muy especial.

«Una de las actividades que hice con los estudiantes fue un proyecto de ingeniería donde tuvieron que usar limpiadores de tubos para utilizar una estructura», dijo Morgan Dahlberg, estudiante de último año de la Universidad de Niagara.

«Les enseñamos a hacer bollos cruzados calientes [hot cross buns] y fue un fracaso, pero fue divertido para ellos el aprender y ver algo nuevo», dijo Amber Mis, estudiante de último año de la Universidad de Niagara.

Amber y Morgan son dos de los 5 estudiantes de la Universidad de Niagara que pasaron su verano enseñando de todo a niños y niñas en Haití, desde la aprender a leer a deportes, gracias a la organización «Hand in hand for Haiti».»Hace algunos años, después del devastador terremoto en Haití, uno de nuestros distinguidos ex alumnos, Ed Brennan, construyó una escuela en Haití para servir a los jóvenes más pobres en una de las naciones más pobres del mundo», dijo Henrik Borgstrom, prevoste asociado de la Universidad de Niagara.

Lee el resto de la historia en WIVB aquí [en inglés].

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Autoestima vicenciana

La autoestima no es una expresión que se utilizara en el siglo XVII. No la vas a encontrar en el léxico de San Vicente. Pero el concepto no le era ajeno.

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El sabía que la base del valor humano (y debido a eso, la autoestima) se fundaba en lo que Dios piensa, más que en lo que nosotros pensamos. Cuando miraba a la gente pobre, veía lo que Dios veía: personas de inestimable valor.

En su artículo «Los 7 versículos destacados de la Biblia sobre la autoestima«, Jada Pryor dice:

El principio y el final de todos los problemas de autoestima está en la muerte de Jesús en la cruz. ¿Cómo podemos creer que no somos dignos, sabiendo lo él hizo con tanta pasión? Si la fe es creer en Dios y en su capacidad para transformar nuestras vidas, entonces, ¿qué es lo que decimos cuando nos negamos a creer que nos ama? No me refiero a restar importancia a la lucha que viene con la baja autoestima y los problemas asociados. Sólo sugiero que NO es de Dios. Cuando no puedas creer que nadie en el mundo te amaría, has de saber que Dios lo hace.

Prueba con esto, del Salmista: «Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras» (Sal 139, 13-14).

La autoestima en el mundo vicenciano comienza viendo el valor del otro, y recordando, que para la otra persona, yo soy «el otro». Mirar a los demás y a nosotros mismos como personas que tienen un valor incalculable es la verdadera medida de la autoestima, y otra forma de decir #YoSoyVicente.

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Miembros de la Universidad de Niágara, trabajando «mano a mano» @NiagaraUniv

A veces dos objetivos pueden trabajar de la mano. La unión de la experiencia educativa con un servicio concreto y valioso es uno de los sellos distintivos de la experiencia de la Universidad de Niágara.

© 2016 Niagara University
© 2016 Niagara University

La Universidad de Niágara y «Hand in Hand for Haiti» [Mano a mano por Haití] firmaron un acuerdo formal en septiembre de 2014 en el que la Universidad se comprometió a proporcionar servicios, investigación y oportunidades educativas que favoreciesen el desarrollo integral y el funcionamiento del Liceo Jean-Baptiste Pointe du Sable. Un primer grupo de internos y miembros de la facultad pasó siete semanas en Saint-Marc el verano pasado, ayudando a cumplir la visión de Brennan de que «la educación en una escuela de clase mundial es clave para el crecimiento, la fuerza y la recuperación a largo plazo de Haití, y vital para el espíritu y la independencia de su pueblo».

El grupo de este año, desde que llegó el 12 de julio, ha estado ayudando a los estudiantes haitianos con sus conocimientos del idioma inglés, enseñando deportes y juegos cooperativos, y promoviendo la alfabetización a través de actividades de biblioteca cuidadosamente planificadas. Gracias a artículos donados por familiares, amigos y miembros de facultad de la Universidad de Niágara, los estudiantes llegaron al Liceo Jean-Baptiste Pointe du Sable equipados con 50 flautines, 30 cometas, tres grandes paracaídas, libros para aprender a tocar el flautín, equipamiento de béisbol, equipos de hockey sobre hierba, cuerdas para saltar, discos voladores y libros. Estos elementos se utilizan durante todo el verano y luego se dejan en la escuela para su uso futuro.

Es maravilloso ver la rapidez con que los internos se enamoraron de la gente y el país de Haití, y se dedicaron a su trabajo con los niños. ¡Estoy muy orgulloso de ellos! —comentó el Dr. Ciminelli—. Creo que esta experiencia cambiará la vida de nuestros internos, y estoy muy agradecido por el acuerdo de colaboración de que Universidad de Niágara tiene con ‘Hand in Hand for Haiti'».

Cualquiera de los voluntarios podría decir #YoSoyVicente.

Lee acerca de esta especial relación en el excelente artículo de Michael Freedman en NUNews [en inglés].

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Mezquindad, celos, racismo… un mal cóctel @GabrielleDoug

Los Juegos Olímpicos deberían ser un acontecimiento festivo. Pero cuando los celos, el racismo, la intimidación y la mezquindad se reúnen, es una mala mezcla.

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Su pelo y su patriotismo fueron objetos de la crítica. En lugar de alegrarse con esta excepcional mujer, ciertas parte de la población —especialmente en el mundo de los medios sociales— se entretuvieron sacando a la luz sus más perversas actitudes. El nombre de esta gran mujer joven es Gabrielle Douglas.

Ser vicenciano significa vivir una vida que celebra los triunfos de los demás; pero no es eso lo que ha sucedido.

En 2012, la actividad en Twitter se disparó después de que Douglas se convirtiese en la primera gimnasta afroamericana en ganar un título olímpico en gimnasia artística. Pero en lugar de alabar a su excelencia, los críticos se ensañaron con ella por el estado de su cabello durante la final.

Cuatro años después, Douglas tiene otro oro olímpico, en competición por equipos, pero el brillo de esa victoria también se ha visto empañada después de que las cámaras de televisión mostraran su posición en firme y que no se llevase la mano al corazón durante el himno nacional.

Puede parecer una pequeña acción, pero muéstrale tu apoyo en su twitter, en @gabrielledoug. Y celebra los triunfos de tus amigos y colegas. Ten cuidado en lo que pones en las redes sociales. Los celos, la mezquindad o el racismo no tienen lugar en la Familia que dice #YoSoyVicente.

Por esto, confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros, como ya lo hacéis. (1 Tes 5, 11)

¿Quieres entristecerte, o enfurecerte? Lee esto (en inglés) o esto (en español)

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Cuando sirvo a niños y jóvenes, #YoSoyVicente

Servir a la infancia y la juventud siempre ha formado parte de la historia vicenciana.

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Jacey Díez, una estudiante de último año de la Universidad de Niágara, que estudia Enseñanza del inglés para alumnos extranjeros y Educación primaria, ha sido premiada este año con el Premio «Our Lady of Victory Youth Service» [Premio de servicio juvenil Nuestra Señora de la Victoria].

Díez, de Lewiston, será homenajeada la recepción anual «Amigos del Padre Baker», de la organización Casa de Caridad Nuestra Señora de la Victoria, el próximo 11 de noviembre, en el Hyatt Regency, Buffalo.

Según los organizadores, el homenajeado ha de tener un historial probado de dedicación al servicio de niños y jóvenes en el oeste de Nueva York y más allá. Él o ella también debe ser menor de 30 años y comprometido con la defensa de, o trabajando en, temas relacionados con la juventud.

Díez ha sido muy activa con la Oficina de Pastoral del Campus durante su carrera de grado en la Universidad de Niagara. Ha sido voluntaria con la Sociedad de San Vicente de Paúl y ha coordinado el programa de comedor social universitario en la parroquia de San Jorge, en Niagara Falls. También ha participado en seis misiones de servicio en zonas deterioradas de Buffalo, Filadelfia y República de Panamá.

#JaceyEsVicenteYLuisaYCatalinaYFederico! Lee más.

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Llegar al #YoSoyVicente es un proceso @MountStVincent

Hay un proceso. Se llama conversión.

Jonathan Ramírez, de la promoción de 2018 en el Colegio de Mt. Saint Vincent (Nueva York), ha estado trabajando sin descanso para hacer frente a la epidemia de personas sin hogar en la ciudad de Nueva York.

Jonathan Ramírez © CMSV
Jonathan Ramírez © CMSV

Todos los martes, durante el año académico y de vez en cuando durante el verano, el Sr. Ramírez se une a otros estudiantes y se dirigen a Manhattan, donde preparan bolsas de comida para ser distribuídas a las personas sin hogar en la estación Grand Central. Dentro de los grandes salones de mármol de la terminal, los estudiantes se dirigen directamente a un atrio, un poco retirado de los turistas y los viajeros, que se ha convertido en un lugar de encuentro para personas que no tienen lugar para vivir.

Los estudiantes ponen las bolsas de almuerzo en unas mesas pequeñas, y los necesitados se reúnen rápidamente y comienzan a comer. Los voluntarios se presentan, se sientan con sus visitantes mientras comen, les preguntan sobre sus vidas, y comparten historias. Cuando han terminado, los estudiantes van a otras áreas de la terminal y de las calles de los alrededores, en busca de cualquier otro que pudiera necesitar una comida.

Fue un seminario para una Experiencia de Primer Año donde se abrieron los ojos del señor Ramírez a la difícil situación de las personas, cuyas circunstancias puede tomar un giro inesperado y grave, dejándolos sin hogar. El proceso se inició allí.

«Solía pensar que las personas sin hogar lo eran por ser alcohólicos o drogadictos», dice. «Pero desde que he empezado a trabajar y a conversar con las personas sin hogar, mi perspectiva ha cambiado completamente».

El Sr. Ramírez hizo su parte de su trabajo voluntario con «Midnight Runs» y comedores sociales, pero este programa, dice, es diferente. «Nuestro propósito es algo más que darles de comer. Tratamos de demostrarles que hay gente que se preocupa. La conversación que tienen con nosotros podría ser la primera que han tenido en toda la semana».

Lee el resto de la historia y el proceso que llevó a más estudiantes a desear conocer más sobre Grand Central Outreach, un proceso que puede ayudar a otros a decir #YoSoyVicente, y un programa que sigue creciendo.

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Metanoia #YoSoyVicente

Metanoia: un cambio de corazón transformador; y especialmente: una conversión espiritual.

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Por: Sra. Cristine B. Amontos

Todo comenzó en la Escuela de Teología San Vicente (SVST) el pasado 2010, cuando comencé Maestría en Ministerio Pastoral. Me presentaron una nueva forma de hacer teología y abracé minuciosamente el proceso de deconstrucción a reconstrucción. A través de la forma de hacer teología vicenciana estaba expuesta al mundo real de la pobreza y la marginación en nuestra sociedad.

Como estudiante de SVST, yo y mis compañeros de clase vivimos una inmersión en el depósito de basura Payatas durante un año, en el que la realidad de la pobreza penetró por todo mi ser. El Diálogo de la Vida me permitió experimentar las diferentes formas de injusticia y marginación. Durante las sesiones eclesiales de base comunitaria (BEC), los pobres expresaban abiertamente sus dolores y luchas. Yo se sumergí realmente en la comunidad y el grito de la gente de allí se convirtió en mi inspiración para continuar el viaje. Después de haberles escuchado, empecé a plantearme preguntas sobre las diversas formas de injusticia y desigualdad que desfiguran la dignidad de los pobres. La inmersión plantea los más grandes desafíos sobre cómo ayudar eficazmente a los que viven en las cunetas, dadas las estructuras sociales injustas en nuestra sociedad. Poco a poco, mi perspectiva de servicio cambió. Y es cierto, el cambio me estaba haciendo daño, a mí y a las personas que jugaron un papel decisivo en traerme a SVST. Para algunos, fue una rebelión; pero, para mí, fue una conversión. Fue mi experiencia metanoia.

Mi vida cambió desde que me dispuse a estudiar teología desde, con y para los márgenes, la manera de hacer teología Vicenciana. Me ha acercado más a la espiritualidad y carisma vicenciano. Me enamoré de San Vicente de Paúl. Su corazón para los pobres me inspiró a seguir sus pasos. Su propia experiencia metanoia me ha afirmado para elevarme hacia mayores alturas y ser una mujer cuya voz se pueda escuchar en una sociedad dominada por los hombres. Como dijo Vicente de Paúl en cierta ocasión: «El amor es inventivo hasta el infinito», y así, me permití ser transformada, por el bien de los sin voz.

Enamorarse de Vicente me ha movido a transitar el camino de la evangelización y la caridad. De todo corazón, el Departamento del Instituto para la Educación Religiosa (IRED) de la Universidad Adamson se convirtió en mi comunidad. Me enseñó teología siguiendo el método de ver—discernir—actuar, que encendió aún más mi pasión por servir a los pobres. Ka-Enteng (como llaman cariñosamente a San Vicente de Paúl) me abrió ampliamente la puerta para unirme a la Misión Popular Vicenciana de la Universidad y de la Congregación.

La Misión Popular Vicenciana me ha traído al mundo del servicio voluntario a los pobres. Soy una misionera laica vicenciana voluntaria, que desea acompañar al pueblo de Dios peregrino en las periferias. Mi primera experiencia de la misión fue en Tugop, Tanuan, Leyte en 2014, donde los misioneros vicencianos de Adamson eligieron estar en solidaridad con las víctimas del tifón Haiyan. Fue muy difícil escuchar a tantas almas devastadas. Estar con ellos fue mi expresión definitiva de solidaridad. Estaban traumatizados, doloridos, apenas aferrándose a su fe. Doy gracias a Dios por el don de la música, ya que ayudó a la gente y los niños en sus tiempos de prueba. Aunque sentí cansado mi cuerpo, estuve agradecida porque había compartido el don de la música, la música que calmó los corazones doloridos y con problemas del pueblo de Dios. La misericordia y la compasión de Dios renuevan lentamente su fe vacilante.

Mi participación en la Misión Popular Vicenciana ha continuado después de Leyte. Dios me acercó a otras cuatro islas deprimidas de Filipinas. Las diversas amenazas en las zonas de las misiones, tales como la presencia de radicales izquierdistas, la pobreza extrema, las caminatas largas y agotadoras en territorios inexplorados y los líderes indiferentes de la comunidad, no me han impedido caminar con el pueblo. Lo mejor fue que aprendí mucho de la gente a la que he servido. Mi amor por la misión me ayudó a soportar las luchas y las dificultades de mi vida personal. Al igual que Vicente de Paúl, el encuentro con los pobres me llevó más cerca de Dios. El pobre me había evangelizado. Fue una bendición el caminar con ellos en su difícil situación, pues me acordé de que podía triunfar en mis propias adversidades. Vicente de Paúl también dijo: «Id a los pobres. Los pobres tienen mucho que enseñarnos». En experiencias similares, durante mi inmersión en Payatas, mi encuentro íntimo con Dios ocurrió cuando yo había vivido con los pobres. Incluso después del servicio en misión, estoy poniendo todos mis esfuerzos en practicar diariamente las virtudes misioneras de la sencillez, la humildad y celo.

Según Vicente de Paul, «No es suficiente hacer el bien. Hay que hacerlo por el bien de los pobres». En la actualidad, estoy optando por hacer trabajo voluntario en los Servicios Integrales de Extensión Comunitaria (CIEM) de la Universidad Adamson. Al creer en la formación vicenciana, estoy haciendo una preparación intensiva para poder ser una Voluntaria Vicenciana eficaz para el Mundo. Confío en que, a través de este trabajo voluntario, seré más como Vicente de Paúl, creciendo en el amor a los pobres, que son nuestros amos y señores.

Una canción dice: «Por ti, mi vida ha cambiado. Gracias por el amor y la alegría que traes contigo. Por ti, no temo culpa alguna. Lo digo al mundo: es gracias a ti». Estos versos han capturado mi compromiso como voluntaria misionera laica y vicenciana. Estos versos parafrasean mi metanoia.