El Adviento nos llama a esperar al Señor en la caridad concreta. Encontramos a Cristo en los pobres y despertamos una “mística de ojos abiertos” hecha de oración, servicio y fraternidad. La Familia Vicenciana debe renovar su celo, unir caridad y justicia y reconocer a Jesús en el rostro de los más vulnerables.


















