“Que todos los que entren vean la Luz”
Prov 3, 27, 34; Sal 14, 2-3bv-4ab.5; Lc 8, 16-18.
En las breves enseñanzas del evangelio de hoy, Jesús nos invita a ser luz que ilumine a los demás: un candil no se enciende para esconderlo. No tiene que quedar oculto lo que la Palabra nos ha dicho: debe hacerse público. Si actuamos así, será verdad lo de que “al que tiene se le dará”, porque la Palabra multiplica sus frutos en nosotros. Y al revés, al que no le haga caso, “se le quitará hasta lo que cree tener” y quedará estéril.
Tenemos una cierta tendencia a privatizar la fe, mientras que Jesús nos invita a dar testimonio ante los demás. Lo que recibimos es para edificación de los demás, no para guardárnoslo. Como la semilla no está pensada para que se quede enterrada, sino para que germine y dé fruto.
¿Iluminamos a los que viven con nosotros? ¿Les hacemos más fácil el camino? No hace falta escribir libros o emprender obras muy solemnes. ¡Cuánta luz difunde a su alrededor aquella madre que cuida de sus hijos, aquel amigo que sabe animar, una hija que atiende a su padre enfermo! No se trata de encender una hoguera espectacular, pero sí un candil que sirva de luz capaz de iluminar nuestra vida y la de los demás.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Antonio G. Escobedo C.M.
0 comentarios