“Él se levantó y lo siguió”
Ef 4, 1-7.11-13; Sal 18, 2-3.4-5; Mt 9, 9-13.
Hoy celebramos a san Mateo, apóstol y evangelista. Mateo es el apóstol a quien Marcos y Lucas llaman Leví. A él se le atribuye uno de los cuatro evangelios.
Por eso, es uno de los santos cuyo nombre más resuena en nuestras celebraciones, porque leemos muy a menudo su evangelio. Era hijo de Alfeo y natural de Cafarnaúm. No sabemos dónde predicó después de la Ascensión, pero lo que sí sabemos es que, con su evangelio, ejerció un apostolado inmenso, pues comunicó la Buena Noticia a las generaciones sucesivas, incluida la nuestra.
La vocación de Mateo es muy significativa. Jesús elige a un recaudador de impuestos que, como todos los publicanos, tenía mala fama entre el pueblo. Jesús le da un voto de confianza, sin pedirle confesiones públicas de conversión. Mateo le sigue dejándolo todo.
¿Hubiéramos llamado nosotros, si se nos hubiera consultado, a un recaudador de impuestos para que fuera apóstol y testigo del evangelio; lo habríamos invitado como miembro de nuestro grupo de trabajo?
Jesús sí. Él le convirtió de publicano en apóstol. Así es Jesús, comprensivo, paciente, incluyente…
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Antonio G. Escobedo C.M.
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