“El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir”
Jer 18, 18-20; Sal 30; Mt 20, 17-28.
Es normal que una madre quiera lo mejor para sus hijos: estabilidad, salud, bienestar, felicidad. Por ello entendemos a la mamá de Santiago y Juan que le pide a Jesús, para sus hijos, un puesto alto cuando –según ella se imagina– lleguen Jesús y los suyos al poder, al gobierno.
“No saben lo que piden”, responde Jesús fuerte para que todos su discípulos lo escuchen. –Yo vine a servir, no a ser servido; vine a entregar la vida por amor. Y el amor es gratuito, no pide nada, no reclama nada, no se guarda nada.
Ciertamente no sabían lo que pedían, porque no entendían todavía la obra que Jesús había venido a realizar. Lo irán entendiendo poco a poco por el camino y, sobre todo, en la pasión, la muerte y la resurrección del Señor. En el acontecimiento pascual quedará de manifiesto la obra de amor, de donación total, que Jesús realiza y que propone como camino que salvará la vida de los hombres.
Sigamos caminando la Cuaresma buscando en este tiempo profundizar en el misterio pascual, para encontrar en él la propuesta de vida con sentido y con futuro que nos enseña Jesús en su pasión, muerte y resurrección. Pidámosle no otra cosa sino poder servir y entregar la vida, como Él.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Silviano Calderón Soltero C.M.
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