“Este pueblo me honra solo con los labios”
1 Re 8, 22-23. 27-30; Sal 83; Mc 7, 1-13.
Cuando algunos fariseos y doctores de la Ley le reclamaron a Jesús que sus apóstoles no cumplían con ciertas normas rituales de purificación, él les recuerda el texto de Isaías 29,13 que alude a una religión de rituales y de tradiciones, pero no de vida.
El culto del Templo era un buen intento de comunicarse con Yahvé, de hablar con Él, de conocer su voluntad, pero no era suficiente. El texto de Isaías y la actualización que Jesús hace de él revelan un deseo entrañable de Dios: Me honras con los labios, pero yo quiero tu corazón. Es como si Dios les dijera a sus hijos: Quiero tus labios cuando me honran y cantan plegarias, pero los quiero más cuando hablan la verdad, cundo pronuncian palabras que consuelan, cuando denuncian la mentira y la injusticia. Quiero tus manos cuando se elevan en alabanzas, pero más las quiero cuando acarician a los que sufren, cuando se abren generosas para compartir con los pobres. Quiero tus pies cuando se encaminan al templo, pero los quiero más cuando te llevan a encontrarte con tus hermanos que sufren y te necesitan. Pero sobre todo quiero tu corazón, lo quiero lleno de amor, de confianza, de comprensión, de misericordia…
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Silviano Calderón Soltero C.M.
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