Admirar los planes y caminos de Dios

por | Sep 21, 2023 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús nos da a conocer a Dios, que es bueno con todos y cariñoso con todas sus criaturas, y cuyos planes y caminos son de admirar.

El proprietario se muestra bueno con los parados.  Pero hay los que, en vez de verle digno de admirar, protestan contra él.  Y éstos son los que han trabajado doce horas.  Pues se les paga a ellos igual que a los que han trabajado una hora no más.

Y, por supuesto, no somos pocos los que simpatizamos con los que protestan.  Pues los humanos nos tratamos los unos a los otros a base de méritos personales o falta de ellos.  Entre nosotros, es decir, se le da a cada uno lo que uno se merece.  No es justo, pues, pagarles igual a los jornaleros de la primera hora que a los de la última hora.  Y todo esto es parte de la forma humana de ser, pensar y actuar.

Pero Dios no es ni piensa ni actúa como nosotros.  Él no nos paga según nuestros méritos o deméritos.  Es que, en primer lugar, no tiene él en cuenta cuántas horas pasamos por difundir el reino del cielo.  O cuánto trabajo hacemos para anunciar la Buena Nueva.

Y, desde luego, se ha de admirar su preocupación por darnos vida eterna.  Él, sí, es como el propietario que quiere que todo jornalero tenga trabajo.  Es por eso que «hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña».  Y les da aun a los que han trabajado una hora no más el jornal diario normal.  Es lo que la familia de un jornalero necesita cada día para poder sobrevivir.

Son de admirar los planes y caminos de Dios, sus criterios de justicia.

No hay duda de que el cielo es más alto que la tierra.  Y quiere decir esto que, sí, los planes y caminos de Dios son más altos que los nuestros.  También son más altos sus criterios de justicia.

Por no ser como nosotros, pues, él nos llama sin cesar ni cejar a que seamos parte de su reino.  Y nos llama a todos, sea cual sea nuestra raza, cultura, lengua o nación.  Lo que cuenta es que seamos sus obreros, que llevemos una vida digna de la Buena Noticia.  Que nos esforcemos por construir un mundo más justo y humano, en el que viviremos cual buenos hermanos y hermanas.  Hijos e hijas de un Padre no más que está en el cielo.  Ya no habrá pobres, pues habrá compasión que nos distinga de las bestias (SV.ES XI:561).

Y bien generoso, él pagará igual a los obreros de la primera hora que a los de la última.  Es decir, igual le dará a él que seamos los primeros o seamos los últimos.  Pues a todos los que le digamos «sí», se nos dará el reino por común y mejor recompensa.

Ante Dios así de generoso, la sola postura propia de los obreros será la de humildad, gratitud, maravilla.  No llevaremos cuenta de la obras cumplidas para que luego se nos pague.  No, los obreros no exigiremos nada.  Ni nos compararemos con nadie.  Pues, al admirar la bondad de Dios, admitiremos que solo por su gracia podremos hacer buenas obras (SV.ES VII:250).  Debido a ella, podremos hasta entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre.  Y, a fin de cuentas, tendremos que tomarnos por siervos inútiles (RCCM XII:14).

Señor Jesús, concédenos compartir tu misión.  Estamos seguros de que recibiremos el justo salario.  Asegura también que soportemos el peso del día y el calor, sin quejarnos de tus planes y caminos, los cuales son de admirar.

24 Septiembre 2023
25º Domingo de T.O. (A)
Is 55, 6-9; Fil 1, 20c-24. 27a; Mt 20, 1-16a

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