Quién es nuestro verdadero enemigo

por | Oct 10, 2022 | Conflicto en Ucrania, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Incluso en medio de tantos conflictos y miserias, hay algo que todavía consigue hacerme feliz y sentirme esperanzado. Se trata de una sociedad solidaria. Ahí es donde estoy viviendo ahora.

La invasión rusa de Ucrania ya se prolonga durante muchos meses, pero todavía no puedo olvidar lo que me vino a la mente la mañana del 24 de febrero. Me senté en la mesa a desayunar, con el ordenador a mi lado. Después de encenderlo, empezaron a bombardearme notificaciones con el titular «Europa está en guerra» o «Rusia ha invadido Ucrania». Lo primero que me vino a la cabeza fue que, sin haber salido todavía de una crisis, otra ya había comenzado. Sí, toda la humanidad sigue luchando contra la Covid-19. En otras partes del mundo, muy lejos de nosotros, hay personas que siguen sufriendo el terrorismo, conflictos armados, problemas medioambientales y otros muchos retos sociales. Sin embargo, no parece que avancemos hacia el fin de estos sufrimientos. Al fin y al cabo, ya ha empezado otra guerra y ésta sigue en marcha.

Pocos días después del comienzo de la guerra, lo que saltaba a la vista no sólo eran los muertos, los heridos, las ciudades destruidas, las sanciones contra Rusia y la solidaridad, sino también que los rusos se convirtieron en el blanco de la discriminación y el acoso en Portugal y buena parte del mundo. Algunos han recibido llamadas telefónicas, mensajes o comentarios en las redes sociales, con palabras agresivas como «los rusos son culpables» o «tienen que morir». El primer restaurante ruso de Lisboa, A Tapadinha, que perdió a la mayoría de sus clientes, lo pasó mal, a pesar de que el propietario era portugués y los empleados eran portugueses y ucranianos. La discriminación también llegó a las escuelas. Algunos niños de origen ruso o que hablan ruso recibieron críticas o fueron llamados «agresores» o «malditos».

Cuando leí esas noticias, mirando fijamente esas duras palabras, recordé que al principio de otra «guerra», la de la irrupción entre los seres humanos del coronavirus, muchos chinos en el extranjero, o incluso sólo los de rostro asiático, también sufrieron esa discriminación. Cuando aparecieron los primeros casos y el virus empezó a propagarse en Portugal, a veces me llamaban «coronavirus» en la calle sólo por ser chino.

Para mí, la discriminación era, y sigue siendo, más horrible y peligrosa que el propio virus, porque lo que realmente daña es un corazón ciego, incapaz de identificar la verdad, incapaz de identificar al verdadero enemigo, incapaz de entender lo que significa realmente la paz. Ante la guerra contra la pandemia, el enemigo no son los chinos, sino el virus. Ante la invasión de Ucrania, el enemigo no es el pueblo ruso, sino Putin, que ordenó la invasión e incluso trató de convertirla en un mal justificado, así como los que lo apoyan, sin importar la nacionalidad.

Entiendo claramente lo que significa que haya una guerra. Significa heridos, muertos y destrucción de hogares. Significa la pérdida de la familia, de los seres queridos. Significa lágrimas y sangre y el deseo de la paz que nunca tienes. Así que las sanciones económicas contra Rusia son totalmente razonables porque es una forma de debilitar su capacidad de proseguir con la invasión. Sin embargo, la discriminación no es una solución, sino una demostración de la pérdida de sensatez y de la pérdida de un corazón despejado.

A principios de abril asistí a una clase abierta de traducción en mi universidad. La clase fue organizada por los profesores y estudiantes de traducción generalista inglesa, traducción literaria alemana y traducción literaria francesa. Los alumnos habían traducido al portugués tres textos sobre el conflicto ruso-ucraniano. Los textos originales fueron publicados por los clubes PEN (Poetas, Ensayistas, Novelistas), en este caso los clubes inglés, alemán y francés. Cada uno habló de un aspecto diferente. En clase, los representantes de las tres cátedras presentaron sus trabajos de traducción. Me gustó especialmente el texto publicado por el PEN Club alemán, titulado «Der Feind heißt Putin, nicht Puschkin» (El enemigo se llama Putin, no Puschkin). El texto subraya que, ante esta guerra, el verdadero enemigo es Putin, pero no la cultura rusa, que debe ser respetada. Añadió que, si generalizamos a todos los rusos y nos dejamos llevar por las hostilidades contra los rusos, la locura superará la razón y la humanidad. No puedo estar más de acuerdo con esta idea. Podemos estar enfadados por la guerra, por Putin. Podemos ser empáticos con Ucrania. Sin embargo, no podemos dejar de ser razonables y humanos.

Incluso con tantos conflictos y miserias, hay algo que todavía consigue alegrarme y darme esperanza. Se trata de una sociedad solidaria. Aquí es donde estoy viviendo ahora. Me emocioné al ver las noticias sobre cómo los ciudadanos, especialmente algunas parejas ruso-ucranianas, y varias organizaciones ofrecieron ayuda a Ucrania. Creo que en la sociedad hay pocos corazones cerrados, y muchos hermosos y claros, así como muchas mentes razonables y brillantes.

En esta época llena de desafíos y acontecimientos no deseados, lo que se necesita es que todos estemos unidos y tengamos un corazón claro, siendo capaces de seguir la verdad, capaces de identificar al verdadero enemigo. ¿Quién es nuestro verdadero enemigo? Es Putin. Es el que socava la libertad, la paz y los derechos humanos. Es todo el mal.

Cho Ian Lei
Fuente: https://www.padresvicentinos.net/

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