Si Jesús naciera hoy…

por | Dic 24, 2021 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

El siguiente texto es un trabajo de clase. Responde a una pregunta que nos hicieron en la asignatura “Cristología y espiritualidad” dentro del Máster en Vicencianismo.

¿Cómo cree que anunciaría Jesús el reino de Dios en las circunstancias de hoy, en qué consistiría la buena noticia de la cercanía de Dios?

Si Cristo fue el centro de la experiencia espiritual de san Vicente de Paúl, hemos de volver una vez más a aquel hombre, de carne y hueso, que revolucionó la historia de la humanidad.

Comparto el trabajo porque me parece una pregunta interesante y relevante, e invito a que otros puedan compartir su respuesta.

¿Cómo cree que anunciaría Jesús el reino de Dios en las circunstancias de hoy, en qué consistiría la buena noticia de la cercanía de Dios?

Es difícil responder a esta pregunta sin caer en tópicos y en anacronismos. No obstante, voy a tratar de responder brevemente tratando de actualizar en nuestro contexto algunos de los rasgos de la vida, acción y predicación de Jesús de Nazaret.

  1. Jesús nació en Galilea, un lugar de la periferia, incluso para el mundo judío. La mayor parte de su predicación tiene lugar en el ámbito rural, evita las grandes ciudades. Habló a gente sencilla, campesinos y pescadores. Si Jesús naciera hoy día no podría nacer en el centro de una gran urbe. Nacería sin duda en algún lugar de la periferia, y se movería en la marginalidad. Es posible que naciera en un pueblo indígena, que fuera negro, que naciera en un poblado africano, o también en una barriada marginal de una gran ciudad. Sin duda el lugar donde uno nace marca la visión que tiene de la realidad, incluso de Dios y de la religión. Jesús desde pequeño fue testigo de la difícil vida de la gente sencilla, de las grandes desigualdades entre los ricos y los pobres, etc. Eso marcó su forma de ver el mundo y de entender a Dios. Si Jesús viniera en nuestros días, por tanto, no podría nacer en un rascacielos de Nueva York, sino en la periferia.
  2. Jesús aprendió la fe desde su infancia. Lc 4,16 nos dice que Jesús tenía la costumbre de ir los sábados a la sinagoga. También Lucas nos lo presenta con 12 años en el templo, enseñando a los doctores. No es un hecho demasiado verosímil históricamente pero sí nos habla de que la familia de Jesús eran judíos cumplidores y Jesús aprendió de niño a vivir la fe judía con sencillez. Aprendió allí también la cercanía de Dios y se familiarizó con la Ley y los Profetas. Si naciera Jesús en nuestros días probablemente naciera en una familia creyente, con una fe sencilla y confiada en la misericordia de Dios. Tal vez la fe de una familia campesina que descubre la bondad de Dios en las semillas que crecen para dar cosechas. Tal vez en unos padres luchadores que trabajan duro y dan gracias a Dios por lo que tienen, no comiendo antes sin agradecer el poder tener un plato de comida. Tal vez tuviera una abuela desgastada por las tareas cotidianas y el peso de los años, pero con una gran fe. Es probable que participara en una pequeña comunidad de fe, en la catequesis, en una comunidad eclesial de base, y sintiera el gozo de ser pueblo de Dios que camina unido aun en medio de las dificultades de cada día.
  3. Si Jesús viniera en nuestros días haría una fuerte cr ítica de cier tas formas de vivir la religión que no son sino una ideología que sostiene y legitima el statu quo. Nos referimos, por ejemplo, a las distintas formas de la “teología de la prosperidad”, que identifica la prosperidad material y económica con una bendición de Dios, y que considera a los “ricos” como especialmente bendecidos por Dios. Por el contrario, considera que el pobre es responsable de su propia pobreza, e identifican la pobreza material como “falta de fe”. Esta es la religiosidad que promueven algunas sectas y grupos evangélicos, cuyos pastores llegan a ser millonarios. Estas formas de religión sancionan las injusticias y desigualdades con un discurso teológico. Legitiman el sistema neo-liberal más salvaje, hacen de la prosperidad económica su ídolo y encumbran el egoísmo. Jesús nunca podría aceptar esta utilización de Dios y de la religión. También rechazaría Jesús cierto catolicismo pretendidamente “ultra-ortodoxo” que pone la salvación en una dimensión tan ultra-terrena y alejada de nuestro día que desprecia cualquier compromiso con el mundo, con la justicia y con el bien común. El catolicismo convertido en ritualismo que se olvida del amor al prójimo y de los pobres. También el catolicismo narcisista que se mira el ombligo, autorreferencial y excesivamente preocupado de mantener la estructura y el “buen nombre” de la institución eclesial. Igual que Jesús tuvo conflicto con los líderes religiosos de su tiempo, lo tendría hoy con muchos líderes religiosos actuales, de fuera y de dentro de la Iglesia.
  4. El anuncio del Reino de Dios en nuestros días comenzaría, al igual que hizo Jesús en su tiempo, por acciones significativas más que por palabras. Así, Jesús mostraría su cercanía con los excluidos, con los más pobres, con aquellos que sufren la miseria, la injusticia y la desigualdad; con aquellos que son condenados por la falta de oportunidades, con los privados de libertad, las mujeres sometidas y maltratadas, los niños privados de sus derechos y sin oportunidades de futuro, los jóvenes víctimas de bandas, las personas víctimas de la trata, los migrantes… El mal sigue existiendo hoy como en aquel tiempo, y se hace visible en muchas maneras de opresión. El anuncio de Jesús en nuestros días sería un anuncio liberador, y denunciaría todas las formas de opresión y de injusticia que todavía hoy se viven.
  5. Sanaciones y exorcismos fueron algunas de las acciones de Jesús que tenían una gran fuerza simbólica para mostrar la cercanía de Dios y la dimensión liberadora del Reino. Si viviera en nuestros días, Jesús se acercaría a todas las personas que sufren hoy depresión, ansiedad, soledad, y especialmente aquellos que necesitan ser escuchados y tenidos en cuenta. Los enfermos y endemoniados eran personas marginales en tiempo de Jesús. No En nuestra sociedad utilitarista también hay muchas personas que no cuentan. Porque parece que uno cuenta solo si produce: tanto produces, tanto vales. El anuncio del Reino no puede sino denunciar esa manera de pensar, y defender lo que se llama la “ética del cuidado”. La depresión, los suicidios, la ansiedad son muchas veces formas de inadaptación y manifestaciones de protesta ante una sociedad que exige mucho de cada individuo, una sociedad cada vez más compleja que exige grandes esfuerzos de adaptación.
  6. Jesús no actuó solo. Se rodeó de un grupo de discípulos, algunos especialmente cercanos. Si viviera en nuestros días tampoco actuaría solo. Sería capaz de crear un círculo de amigos, un grupo de personas con una nueva forma de relacionarse, no basada en los vínculos de dominio y control, no basada en la jerarquía social, sino en la fraternidad y la igual dignidad de los miembros. Un grupo donde no hubiera excluidos, y que fuera un signo y un testimonio para la sociedad. Es posible que promoviera formas de economía solidaria, o economía social, al estilo cooperativista. Donde lo que prima no es el egoísmo y la competencia, como en el sistema neo-liberal, sino la solidaridad y el apoyo mutuo.
  7. Aunque no tiene paralelo en los evangelios, el anuncio del Reino en nuestros días habría de implicar el cuidado de nuestra casa común. Desde el reconocimiento agradecido de la casa común como don maravilloso de Dios a la humanidad, y en vistas de la situación dramática de destrucción de la misma, especialmente visible en los lugares más pobres de la tierra, Jesús propondría en nuestros días una nueva forma de relacionarnos con el medio natural. Desde el respeto, la admiración, la acogida del don, el agradecimiento… El mal uso de los recursos naturales y la destrucción del medio ambiente tienen mucho que ver en las nuevas formas de pobreza que están surDefender a los pobres tiene que ir unido a defender también una nueva forma de relacionarse con el medio; más sostenible, equitativa y con más futuro para todos.
  8. Hay una cuestión difícil y probablemente controvertida. Desde el siglo pasado el mundo ha vivido una revolución en cuanto a medios de transporte y de comunicación. ¿Aprovecharía Jesús los medios de transporte para viajar por el mundo a anunciar la buena noticia? Aunque la comparación tiene sus límites, la época de Jesús también vivió una revolución en cuanto a movilidad y comunicación: el Imperio Romano construyó calzadas, creó rutas marítimas medianamente seguras, estableció vías de comunicación, un sistema de correos… Sin embargo, Jesús permaneció en un ámbito muy reducido, no visitó ciudades aunque las tenía cerca, no utilizó la escritura para dejar su legado, aunque probablemente supiera leer (cf. Lc 4,16). Por tanto, es posible que hoy tampoco utilizara los medios de transporte para viajar por el mundo ni las redes sociales y medios de comunicación de masas para hacerse famoso y extender su En el caso del Jesús histórico, fueron sus discípulos, impactados tras vivir con Jesús y tras la experiencia pascual, quienes extendieron el anuncio por el mundo. Aplicado a nuestros días, podríamos recurrir al lema: “piensa global, actúa local”. Es decir, para tener una incidencia en nuestro mundo hay que empezar por cambiar el entorno más cercano.

Soy consciente de las limitaciones de este trabajo, al fin y al cabo solo se trata de un ejercicio de imaginación y creatividad. Pero no es fantasía. Toda lo escrito está inspirado en un acercamiento crítico a los evangelios y a la figura de Jesús de Nazaret, haciendo una hermenéutica para nuestros días.

Iván Juarros, C.M.
Fuente: Boletín de la Provincia canónica de Zaragoza, Congregación de la misión, número octubre de 2021.

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