“Señor, si quieres, puedes sanarme”
Gén 17, 1. 9-10. 15-22; Sal 127; Mt 8, 1-4.
Ya dejamos el Sermón de la Montaña y ahora el evangelio de Mateo nos presentará una serie de milagros. Jesús muestra en esas curaciones que, más allá de los discursos, Dios ya está actuando, el Reino ya se está construyendo. Y este Reino se refiere, sobre todo, a la dignificación de la vida de los hombres, a la reivindicación de los marginados.
El leproso de hoy es sanado físicamente, es reintegrado a la comunidad (Jesús lo toca, lo acoge) de la que había sido excluido, y es reivindicado ante Dios y ante el templo (irá a los sacerdotes por su certificado de “limpieza”).
Se trata, pues, de una recuperación integral, total. El hombre es tratado con ternura, es levantado de su postración, sus derechos le son devueltos, recupera la posibilidad de abrazar a los suyos y de presentarse con dignidad delante de Dios y de todos.
¡Qué gran desafío, hermanos! El Reino que Jesús nos dejó como encomienda, como misión, tiene estas tareas en su mismo centro: que todos los pobres, que todos los marginados y proscritos recuperen su dignidad y la posibilidad de una vida dichosa. Que todos sean abrazados y puedan mirar a Dios y a sus hermanos para encontrar, en respuesta, una mirada de amor.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Silviano Calderón S. C.M.
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