“Lo que el Padre me ha enseñado, es lo que hablo”
Núm 21, 4-9; Sal 101; Jn 8, 21-30.
Santo Toribio de Mogrovejo, como arzobispo de Lima, entre otras importantes labores misioneras hizo editar los primeros catecismos del nuevo continente, tanto en castellano como en las diversas lenguas indígenas. Sin imposiciones logró anunciar y extender el evangelio entre los indios quechuas y aymaras.
Seguramente todos recordamos el catecismo aprendido en nuestra infancia en el cual, con preguntas y respuestas, desarrollamos esa fe recibida desde nuestro bautismo. Pues esa es la metodología que contemplamos hoy en el evangelio de Juan: los fariseos “preguntan” a Jesús sobre su identidad porque les molesta que quiera dar testimonio de sí mismo sin ninguna prueba. Jesús “responde” diciendo que él no habla a partir de sí mismo, sino siempre a partir del Padre y en nombre del Padre. Jesús es la total apertura y transparencia de Dios para nosotros. Es la presencia de Dios entre nosotros. Quien, como los fariseos, se encierra en sus criterios y piensa saberlo todo, no será capaz nunca de comprender a Jesús, ni siquiera de comprender al otro, su hermano.
Señor, que siempre hagamos la voluntad del Padre.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Adrián Acosta López C.M.
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