Desde un punto de vista vicenciano: José y la escucha

por | Ene 24, 2021 | Formación, Patrick J. Griffin, Reflexiones | 0 comentarios

La Carta Apostólica del Papa Francisco, «Patris corde» («Con corazón de padre»), destaca el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrón de la Iglesia Universal. Con este motivo, el Santo Padre ha proclamado un «Año de San José», del 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021. Me alegro de esta decisión (¡Mi segundo nombre es «José»!). En la época actual, con todos los problemas que vivimos en torno a las relaciones raciales, la pandemia y las divisiones políticas, san José puede presentarse como el modelo de un hombre justo, como un trabajador y hombre de familia, como un creyente obediente y como una persona tranquila con capacidad de escuchar. Todas estas características de José tienen significado y aplicación en estos días, pero la última emerge como la más importante para mí en este momento: sabía estar callado y escuchar…

En la primera lectura de este pasado fin de semana, escuchamos la historia de Samuel y su llamada al ministerio. Estaba durmiendo en el Templo ante el arca del Señor. Recordemos cómo se produjo su llamada profética:

Aún no conocía Samuel a Yahveh, pues no le había sido revelada la palabra de Yahveh. Tercera vez llamó Yahveh a Samuel y él se levantó y se fue donde Elí diciendo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Comprendió entonces Elí que era Yahveh quien llamaba al niño, y dijo a Samuel: «Vete y acuéstate, y si te llaman, dirás: Habla, Yahveh, que tu siervo escucha.» Samuel se fue y se acostó en su sitio. Vino Yahveh, se paró y llamó como las veces anteriores «Samuel, Samuel!» Respondió Samuel: «¡Habla, que tu siervo escucha.» (1 Sam 3,7-10)

La clave está en reconocer primero la voz del Señor y luego estar dispuesto a escuchar. Samuel escucha la llamada tres veces. Cuando no esperamos que el Señor nos hable, no reconocemos su voz cuando resuena en nuestro interior. Nos fijamos en voces más conocidas. Podemos confundirnos y a veces atender a esa voz interior que suena mucho a nuestra propia voluntad, o a esa voz convincente que suena a camino fácil, o a esa voz fuerte que suena a autoridad. Debemos aprender a discernir la voz del Señor.

En la mencionada carta apostólica, el papa Francisco hace hincapié en la escucha de José, ya que conduce a su obediencia. Me encanta esta frase:

En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní. (nº 3).

El «fiat» de José, su «Sí» a lo que Dios le pide, se encarna en seguir la instrucción que viene del Señor.

El anterior documento del Papa Juan Pablo II sobre José (Redemptoris Custos, «El custodio del Redentor», de 1989) desvela la fuerza interior de las acciones de José:

También el trabajo de carpintero en la casa de Nazaret está envuelto por el mismo clima de silencio que acompaña todo lo relacionado con la figura de José. Pero es un silencio que descubre de modo especial el perfil interior de esta figura. Los Evangelios hablan exclusivamente de lo que José «hizo»; sin embargo permiten descubrir en sus «acciones» —ocultas por el silencio— un clima de profunda contemplación. (nº 25)

Como ya he dicho, el silencio y la escucha en san José que llevan a la acción me resultan muy atractivos en estos momentos difíciles. Me gustaría permitir a san José que sea un motivador más fuerte de esas actitudes en mi vida. Puedo escucharle haciéndose eco de las palabras de Samuel; ruego que por su intercesión puedan estas palabras ser también mi respuesta a la llamada del Señor. «Habla Señor, que tu siervo te escucha».

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