El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz, y que me siga.
Deut 30, 15-20; Sal 1; Lc 9, 22-25.
La cuaresma es un camino hacia la celebración gozosa de la Pascua y es también una imagen de nuestra vida en camino hacia la pascua eterna: el cielo. Por eso hoy Jesús nos dice que para alcanzar esa meta hemos de emprender un camino de despojo de todo aquello que nos impide caminar con un corazón libre de todo egoísmo, y en actitud alegre de entrega a los demás.
Hay un verbo que guía el camino de todo creyente, y que aparece desde que comienza la historia de la salvación: Dejar. Cuando Dios llama a Abraham le dice, Deja tu tierra… y vete al país que te mostraré. Esta invitación a “dejar” aparece también en la llamada a los discípulos quienes, al escuchar a Jesús, lo dejan todo inmediatamente para seguirlo. Por tanto, no puede haber un verdadero seguimiento de Jesucristo sin esa disposición a “dejar”.
Jesús nos llama a la conversión, tarea nada fácil. Sólo con la gracia de Dios se podrá ir dejando atrás todo aquello que nos impida seguirlo. Ayer lo escuchamos en esa bella exhortación de san Pablo: En nombre de Dios les exhortamos: déjense reconciliar con Dios…
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
P. Benjamín Romo cm
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