“Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial”
Lev 19, 1-2.17-18; Sal 102; 1 Cor 3, 16-23; Mt 5, 38-48.
Cuando Jesús llama a sus discípulos, lo veremos siempre en camino y haciendo esta invitación: Ven y sígueme. La perfección, que es un llamado a ser santos, es algo inalcanzable para los humanos en esta vida, sin embargo Jesús nos invita a caminar hacia ella, a dar lo mejor de nosotros mismos, poniendo al servicio de los demás todo lo que somos, lo que tenemos y lo que podemos.
San Pablo expresará la llamada a la santidad con estas palabras: Ésta es la voluntad de Dios: que sean santos. Que se abstengan de las inmoralidades, que cada uno sepa usar de su cuerpo con respeto sagrado (1Tes 4, 3-4).
San Vicente de Paúl fue un líder siempre en acción, inquieto por el servicio y la evangelización de los pobres, atento y con respuestas efectivas ante cualquier pobreza, e invitó a muchos para ponerse en camino hacia la santidad desde el servicio humilde y desinteresado a los pobres. Para mover a las personas utilizó esta comparación: El agua de un estanque no está nunca en movimiento. Y se vuelve turbia y lodosa, mientras que los ríos y las fuentes que corren rápidamente entre las piedras y rocas, tienen las aguas limpias y frescas. ¿Y tú y yo, cómo buscamos la santidad, la perfección?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
P. Benjamín Romo cm
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