Un vicentino experimentado, digamos con 20 o 30 años en la Sociedad, puede llegar a pensar que no le queda nada que aprender o descubrir y que, por eso, no necesita asistir a las fiestas reglamentales ni a cursos de formación y actualización, considerando que ya lo sabe «casi todo» y su papel en la Sociedad de San Vicente de Paúl se limita a visitar a los pobres, a llevarle bienes materiales y una palabra amiga, si es posible junto a una oración.

Pero se equivoca por completo quien piensa que ya «llegó a la cima» y no tiene nada más que aprender. Hemos de ser humildes y reconocer que aprendemos cosas nuevas todos los días. Cada nuevo sermón meditado en la Santa Misa, por más que hayamos escuchado ya el pasaje bíblico decenas de veces, puede añadir un enfoque diferente, e incluso revelador, también para los más mayores. Es decir, depende de nosotros el tener la voluntad de asimilar aspectos diferentes para que, al final, podamos incorporar tales elementos a nuestra vida personal y nuestra conducta vicentina.

Al respecto, no fue hasta hace bien poco que descubrí una gran verdad. Cada vez que citamos la expresión «red de caridad» para designar a la Sociedad de San Vicente de Paúl, acuñada y profetizada por Ozanam, habitualmente nos referimos al trabajo de caridad, coordinado y eficiente, que las Conferencias y las Obras Sociales, en red, realizan a favor de los pobres. Es decir, una red de voluntarios y de talentos al servicio de la Caridad.

Sin embargo, en verdad existe una «segunda red de caridad» en el seno de la Sociedad de San Vicente de Paúl, que no siempre comprendemos ni apreciamos. Lo que voy a enfatizar aquí puede parecer trivial para muchos, pero reconozco que yo nunca lo había analizado desde esta perspectiva. Me refiero a la red de caridad que existe entre nosotros, los consocios, en el día a día de la Sociedad. Si no existiera esta «segunda red de caridad», no sería posible la existencia de las Conferencias. Si no, veamos.

Sin caridad entre vicentinos, las Conferencias no se mantendrían unidas desde hace tanto tiempo. Sin ella, tal vez no hubiera tanto respeto entre las personas y ni capacidad de perdón. Sin caridad entre nosotros, las Conferencias no seguirían la jerarquía del amor que hace que la Sociedad de San Vicente de Paúl funcione a favor del asistido. Sin la segunda red de caridad, no habría organización ni los pobres recibirían la asistencia que hoy reciben. En otras palabras, sin esa red de caridad interior, doméstica, no sería viable —ni factible— la otra red, exterior, hacia los pobres.

Y vosotros, ¿alguna vez os habéis parado a pensar en esto? A mí me tomó tiempo comprenderlo con claridad y transparencia. Y hoy entiendo muy bien las acciones de la Providencia Divina que nos bendice y ayuda a sostener las dos redes de caridad, la interior y la exterior. La una depende de la otra para existir. Una Conferencia no hará un buen trabajo si no hay caridad entre sus miembros. Y un grupo formado por personas poco amistosas culminará con la promoción de acciones meramente asistenciales, nunca caritativas.

Por eso, reflexionemos sobre cómo andan las dos redes de caridad de nuestra Conferencia, rogando a Dios que ambas sean como san Vicente y Ozanam quieren.

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl

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