En mi artículo anterior de junio, hablé sobre la declaración de la misión de la Sociedad de San Vicente de Paúl en Canadá. Además, también tenemos los siguientes valores que dan a comprender que, como vicencianos que somos, nosotros:

  • vemos a Cristo en todos los que sufren;
  • nos reunimos como familia;
  • tenemos contacto personal con los pobres;
  • ayudamos de todas las maneras posibles.

Si bien estos valores parecen ser muy fáciles de vivir, en el mundo tan ocupado de hoy en día, se pueden olvidar o al menos dejarlos de lado. Nuestro trabajo como vicencianos a veces puede volverse tedioso, agotador y frustrante. Sin embargo, si recordamos ver a Cristo en cualquiera que sufra, encontraremos que es más fácil cumplir nuestra misión.

Como miembros de la Familia Vicenciana, también podemos caer en la tenctación de juzgar el esfuerzo de nuestros compañeros en lugar de aceptar todo lo que puedan proporcionar y trabajar juntos como una sola familia. Cuanto más podamos trabajar juntos, más podremos lograr. El compañerismo que compartimos con otros vicencianos aumentará nuestra capacidad y deseo de lograr grandes cosas.

Buscar siempre el contacto personal con los pobres es el método más fácil y verdadero de mantener a Cristo entre nosotros y como el foco de nuestro ser vicenciano. Este contacto solo puede volverse personal si lo usamos para escuchar y aprender de aquellos con quienes estamos.

Ayudar en todas las formas posibles significa buscar siempre formas en que podamos hacer algo más que la ayuda básica que generalmente ofrecemos. Una vez que creamos que hemos ayudado a una familia, ¿por qué no preguntar si necesitan algo más? Esto podría llevar a otras formas en que podemos ofrecer esperanza y asistencia a estas familias.

Si podemos recordar estos valores durante nuestro contacto personal con quienes sufren vivir en la pobreza, así como con nuestros compañeros y con cualquier persona que podamos encontrar como vicencianos, entonces estamos siendo fieles a la misión de la Sociedad de San Vicente de Paúl y nuestros fundadores. Espero poder compartir estos valores en nuestra próxima asamblea general nacional.

Sobre el autor:

Jim Paddon vive en London, Ontario, Canadá y es ex-presidente del Consejo Regional de Ontario de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Actualmente es presidente del Comité Nacional de Justicia Social de la Sociedad en Canadá. Está casado con su querida esposa Pat y tienen seis hijas y once nietos. Jim ha sido miembro de la Sociedad desde los años 70.

Las opiniones expresadas son las del autor y no representan oficialmente las de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

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