Es siempre agradable escuchar los relatos de las Conferencias que progresan, que expanden su actuación y buscan sin cesar la promoción de los asistidos. Es emocionante saber que una Conferencia creó una Obra especial, o que felizmente terminó satisfactoriamente la visita a una familia carenciada, o quizás obtuvo la pensión de jubilación para algún asistido. Qué bueno es ver a una Conferencia trabajando bien, enfocada en resultados, observando la Regla de la Sociedad de San Vicente de Paúl y mejorando las condiciones de vida de los menos favorecidos.

Por el contrario, es triste ver una Conferencia estancada, en la que el presidente está acomodado y los consocios han caído en la rutina. Es lamentable saber que un determinado grupo ya no realiza las animadas confraternizaciones entre los vicentinos, ya no reza el Rosario antes de las reuniones, ya no intercambia experiencias con otros grupos y ya no recibe visitantes en sus largas y desmotivadoras reuniones.

Qué pena da comprobar que la unión fraternal se quebró, y que aquella guardería vicentina dejó de recibir las tradicionales donaciones que, desde siempre, hacia la Conferencia y que la distinguía de las demás por su capacidad de donar. Qué pena da ver que las colectas menguaron, que no son acordes con el nivel social e incluso cultural de sus miembros. Qué horror constatar que la Conferencia no participa en los cursos de formación organizados, y hace mucho tiempo no sabe lo que significa la expresión «fiesta reglamentaria». Es terrible observar que los vicentinos no conservan a sus suscriptores fieles, ni se esfuerzan por obtener nuevos contribuyentes a las Obras Sociales de la entidad.

Suscribirse a boletines y revistas vicentinas… ¡ni se considera! ¿Para qué? Es muy preocupante este tipo de comportamiento que, lamentablemente, está contaminando hasta a Conferencias tenidas como modelo, que siempre fueron baluartes en nuestros Consejos Particulares. ¿Qué está pasando? ¿Existe aún implicación y compromiso, que desde siempre hemos tenido? ¿Por qué estamos dejando de cumplir la Regla, o peor, estamos adaptando la Regla a nuestras conveniencias, dejando de hacer la visita semanal, no yendo a los retiros espirituales, descuidando las contribuciones económicas, etc.?

¡Qué decir de los conflictos entre Conferencias que actúan en una misma parroquia! ¿Cómo encarar la falta de caridad y la intolerancia que nos dividen? ¿Cómo valorar las peleas entre consocios, las discusiones por la sala de la Conferencia, su área de actuación, el número de donaciones conseguidas o incluso la limpieza de la sede? ¿Qué hacer con los vicentinos impacientes con los miembros más ancianos?

Por este tipo de cosas, ciertas Conferencias no progresan, sino que involucionan, retroceden. El único remedio para este tipo de situaciones se encuentra en el binomio «oración y formación». Solo con mucha oración y con capacitación vicentina esos grupos resurgirán y volverán al espíritu primitivo que motivó su fundación. Es necesario «volver a los orígenes» y refundar cada Conferencia.

Las Conferencias que evolucionan son aquellas en las que reinan la paz, la concordia y la caridad entre sus miembros; en las que se respetan todas las opiniones; en las que sus miembros son sobre todo amigos, y se esfuerzan por transformar el grupo en una verdadera comunidad de fe. La Conferencia que crece es aquella que acoge a los jóvenes con denuedo, y en la que la alegría es elemento primordial en las reuniones, visitas, acciones caritativas y el contacto con el pobre. Progresará la Conferencia que es armónica, cuyos miembros abominan la vanidad y la autopromoción, y cuya principal inquietud es la ayuda integral a los pobres; el resto de asuntos son pequeños, mezquinos, detalles sin importancia.

Te invito a que respondas ahora: tu Conferencia, ¿ha progresado o retrocedido?

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl

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