Los retos de aceptar nuevas formas de pensar

Los Hechos de los Apóstoles es uno de mis libros favoritos de la Biblia. Durante al menos 7 décadas he estado escuchando o leyendo los Hechos de los Apóstoles. Este año hay algo diferente. Hace mucho tiempo que sé que el libro de los Hechos cuenta la historia de los primeros días, en que Jesús ya no caminaba entre nosotros.

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Nunca pensé en el hecho de que miraba los Hechos de los Apóstoles desde una mentalidad cristiana. Luego me pregunté cómo sería mirar los hechos desde la perspectiva de una persona judía un tanto observante. Fue un shock para mí cuando me di cuenta de lo mucho que implicaba el aceptar a Cristo.

Comencé a ver cosas que nunca antes había visto. Esta reflexión va a ser un poco diferente de mis reflexiones habituales. Hoy, consciente de no ser un erudito del judaísmo, trato de mirar esa historia temprana a través de los ojos de un hombre judío común o de una mujer judía común.

Si yo fuera una persona judía de hace 2000 años…

Lo más probable es que mi vida hubiera sido dura.

El judío común en la Tierra Santa representaba el 90 por ciento de la población y soportaba la carga de apoyar al estado y a la pequeña clase privilegiada. Su vida era dura, con una triple carga fiscal: a Roma, a Herodes el Grande y al templo (al que, tradicionalmente, debían entregar el 10% de la cosecha).

Lo más probable es tubiera creencias fundamentales claras y firmemente sostenidas.

El centro de mi vida sería la creencia de ser bendecido como parte del pueblo elegido por Dios.

Me sentiría orgulloso de tener un conjunto de instrucciones, recibidas directamente de Dios, encarnadas en 10 mandamientos. No estoy seguro de cómo me habría sentido acerca de la aplicación meticulosa de los otros 613 mandamientos y comentarios legales no contados.

Mis principales celebraciones religiosas, desde mis primeros días, se centrarían en torno a la comida ritual de la fiesta de la Pascua, el equivalente al Día de la Independencia.

Me habrían enseñado que los no judíos, se suponía que eran ateos y moralmente deficientes, y ciertamente no estaría asociados con ellos.

Anhelaría un Mesías, ciertamente, pero uno claramente como Moisés y probablemente con matices de liberación política de la opresión de las potencias extranjeras.

Y entonces llega Jesús y sus seguidores

Jesús y sus seguidores hicieron temblar todo eso. Presentaron formas de pensar radicalmente nuevas.

Quizás fuese atractivo dejar de lado los 613 mandamientos con los que estaban familiarizados. Dos grandes mandamientos sonaban mucho mejor. Para luego reducirlos a uno (y uno que decía «¡Lávate los pies unos a otros!»); ¿No era eso algo que hacían los sirvientes? Eso podría ser una cuestión diferente a la hora de llevarlo a la práctica.

“¡Siempre lo hemos hecho de esta manera!” La Pascua, su fiesta central, tenía reglas estrictas sobre cómo debía celebrarse, como recuerdo del Éxodo. Ahora bien, este Jesús les estaba diciendo que olvidaran el camino antiguo y celebraran una nueva Pascua, en memoria de él. Piensa en eso. ¡Era como si un pastor le dijera a los cristianos que la Navidad no se trata del nacimiento de Jesús, sino sobre celebrar la memoria del pastor!

Aquí hay algunas otras cosas que harían enojar a un judío piadoso:

  • ¿Qué sucede con nuestro estado como el pueblo elegido de Dios?
  • ¿No se supone que el Mesías nos libere de la opresión?
  • ¿Esperas que crea que alguien se levantó de entre los muertos?

¡Los seguidores de Jesús creyeron que había resucitado de entre los muertos! Ellos sabían que él tenía algún tipo de seguidores. Pero lo habían ejecutado como un delincuente común y, lo que es peor… afirmando que era Dios (cuyo nombre ni siquiera pronunciarían).

Olvídate de las disputas entre los fariseos y saduceos. Estas serían solo algunas de las cosas que sacudieron la forma en que siempre pensaron y actuaron. Tenían que evaluar y discernir.

¿Cómo reacciono hoy cuando alguien piensa y actúa de manera diferente que yo?

Ciertamente sabemos una o dos cosas sobre la polarización de puntos de vista cuando miramos a nuestro alrededor. Desafortunadamente, hemos endurecido tanto algunas de nuestras posiciones que a menudo no podemos buscar valores legítimos integrados en formas de pensar distintas a las nuestras.

Sugiero que valdría la pena mirar los Hechos de los Apóstoles como una forma de ver cómo los primeros cristianos y los judíos luchaban con otras formas de pensar distintas a las suyas. La comunidad primitiva creció en su comprensión de lo que sucedió en sus vidas en los días posteriores a que Jesús resucitó de entre los muertos. Volvió a caminar entre ellos y les dijo que difundieran la Buena Nueva, en todas sus implicaciones.

Teniendo en cuenta que Vicente de Paúl fue creciendo en su comprensión de lo que significaba «lavarse los pies unos a otros», por mi parte, espero compartir con ustedes mi creciente comprensión de cómo la iglesia primitiva se fue dando cuenta de que era el Cuerpo de Cristo.

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