Hch 15, 1-16; Sal 121; Jn. 15, 1-8.

“Yo soy la verdadera vid”

Dios es el tronco de un gran árbol en cuyas ramas nos encontramos todos. El tema principal del evangelio de hoy es la unidad. Si nos mantenemos unidos a Jesús, si nos alimentamos de él, como el sarmiento de la vid, nada nos faltará.

Por otra parte, cuando la rama pierde el contacto vital y profundo con el tronco, se debilita, se parte y cae. Separada de la vida del tronco, la rama no tiene futuro, ni habrá flores ni frutos, ni música de pájaros cantando en su follaje, ni nidos de aves esperando la primavera para nacer.

Separados de él nos espera la sequía, la infecundidad y la soledad.

Unidos a él tenemos frescura, vida abundante, habrá primavera en nuestra vida.

Pidamos a Jesús que nos mantenga unidos a él, que no nos deje separarnos nunca de su savia vital.

Que, a pesar de nuestras debilidades y desánimos, no nos soltemos nunca de su mano. Que él sea siempre nuestro alimento para que nuestra vida florezca siempre y seamos capaces de dar frutos, y frutos abundantes.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Seminaristas del Seminario Mayor Vicentino de Tlalpan, Cd. de México

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